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Carlos Arturo Castaño G.
Carlos Arturo Castaño G.

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Grace Hopper, COBOL y la vieja aspiración de hablarle a las máquinas

Desde que las personas comprendieron que las máquinas podían ser programadas para cumplir funciones específicas, siempre ha existido interés en cómo comunicarse con ellas. A lo largo del tiempo se han desarrollado iniciativas, técnicas y medios para facilitar esa comunicación.

Cuando surgieron las primeras computadoras capaces de procesar grandes cantidades de datos mediante métodos numéricos, el interés por avanzar en formas de programación aumentó. En un principio, los lenguajes y las herramientas estaban al alcance de muy pocas personas: eran técnicas especializadas dominadas por expertos que, en muchos casos, mostraban resistencia a su divulgación. Programar una máquina era entonces una tarea compleja y casi esotérica.

Desde siempre hubo la inquietud de que cualquier persona debería poder comunicarse de forma más sencilla con las máquinas. Esa aspiración llevó a la creación de lenguajes más accesibles —incluso si antes la comunicación había sido por señales o sistemas no verbales. Una figura clave en ese proceso fue Grace Hopper. Oficial de la Marina de Estados Unidos y pionera en computación, Hopper desarrolló un lenguaje de instrucciones en inglés comprensible para humanos que la máquina, que sólo entendía binario, podía ejecutar.

Hopper creó un lenguaje en palabras inglesas y consiguió que una máquina entendiera y ejecutara órdenes en lenguaje natural. Pero convertir una idea en algo aceptado fue difícil: siendo mujer, militar y trabajando en los años cincuenta y sesenta, enfrentó obstáculos, resistencias y hasta persecución profesional. Aun así, su determinación le permitió alcanzar cargos relevantes en una época dominada por hombres.

El lenguaje que desarrolló terminó llamándose COBOL (Common Business-Oriented Language, Lenguaje Común Orientado a Negocios). Tras numerosas luchas, su propuesta fue aceptada y COBOL se convirtió en el estándar para programas de negocios. Décadas después sigue siendo fundamental en la banca y los seguros; numerosos intentos —con Java, C++ y otros lenguajes— no han logrado reemplazarlo en muchos sistemas críticos.

Un problema actual es que los programadores expertos en COBOL están en retirada: se han jubilado o han fallecido, y quedan pocos especialistas dispuestos a intervenir en esos sistemas. Los expertos disponibles suelen cobrar sumas elevadas por evaluaciones o ajustes, incluso en cambios menores.

Lo llamativo de COBOL es su sencillez: la idea de comunicarse con una máquina mediante un lenguaje cercano al humano no es nueva; tiene décadas de antigüedad. El reciente interés en herramientas como ChatGPT ha reavivado ese interés, pero no implica que la concepción sea novedosa. En sectores donde importa el funcionamiento del mundo real —como el dinero y las transacciones bancarias— muchos sistemas siguen dependiendo de COBOL. Por eso la idea de conversar con máquinas no nació ayer, y el mundo no se vino abajo con la aparición del COBOL de Grace Hopper.

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