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Henry Ramirez
Henry Ramirez

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IA pequeña del Banco Mundial: corre en celulares sin señal

La IA pequeña que impulsa el Banco Mundial no necesita un centro de datos gigante: corre en celulares con señal débil y responde en el idioma de cada comunidad. Esa es la propuesta que Paschal Donohoe, director de conocimiento de la institución, defendió durante las reuniones anuales celebradas este mes en Bangkok, Tailandia, y que The Guardian publicó el 18 de octubre.


Donohoe planteó un giro frente a la carrera de Silicon Valley. Las grandes empresas compiten por modelos cada vez más grandes, entrenados con volúmenes enormes de datos y pensados para consumidores con conexión rápida y teléfonos caros. La IA pequeña toma el camino contrario: modelos compactos, entrenados con conjuntos de datos más acotados y diseñados para resolver una tarea concreta, una sola, bien hecha.


El Banco Mundial sostiene que esa diferencia decide quién se beneficia. Si la inteligencia artificial exige fibra óptica, servidores cercanos y suscripciones en dólares, buena parte del planeta queda fuera desde el primer día. Un modelo que funciona en un teléfono modesto, con cobertura intermitente y en la lengua local, entra en aldeas, campos y barrios donde la red llega a ratos.


Un análisis de suelo en el idioma del agricultor


El ejemplo que citó Donohoe viene del campo. Los agricultores de India que participan en AgriConnect, un programa del propio banco, necesitan análisis de suelos para decidir qué sembrar y cuánto fertilizante usar. Ese dictamen lo dan científicos y técnicos agrícolas, y no alcanzan para atender cada finca pequeña del país, lo contó el directivo durante el encuentro.


Un modelo compacto instalado en el teléfono puede entregar esa orientación en el idioma del agricultor, sin esperar a que un especialista visite la parcela. La tarea es estrecha: leer los datos del suelo, cruzarlos con el cultivo y devolver una recomendación clara. Para eso no hace falta un modelo que también escriba poemas, programe aplicaciones y resuma contratos. Hace falta uno que conozca esa finca.


Esa lógica se repite en otros servicios. Un promotor de salud rural necesita protocolos básicos en su lengua. Una maestra sin biblioteca cerca busca explicaciones adaptadas a su grado. Un vendedor informal quiere llevar sus cuentas sin depender de una conexión estable. Son tareas concretas, repetidas millones de veces, y cada una cabe en un modelo pequeño que trabaja dentro del aparato.


Donohoe habló de plazos largos. Adaptada a las necesidades locales, esta tecnología podría comprimir en décadas procesos de desarrollo que antes tomaban siglos, afirmó el directivo. La institución movilizó US$120.000 millones en capital privado durante el último año, con garantías e instrumentos financieros, en un momento en que países como Estados Unidos y el Reino Unido recortan sus presupuestos de ayuda. La idea que defiende el banco pasa por crear estos productos entre gobiernos, empresas privadas y la propia institución, con datos y lenguas de cada territorio.


Sin electricidad ni conexión, el plan se cae


La otra cara la puso Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, en las mismas reuniones de Bangkok. Los gobiernos deben garantizar primero electricidad, infraestructura digital y protección frente a actores maliciosos, advirtió. «Si trabajamos duro para tener lo básico, la adopción puede ser muy democrática. Tan democrática como el celular», afirmó Georgieva.


Las cifras del propio banco muestran el tamaño del hueco. Su informe de desarrollo de agosto encontró que casi un tercio de las escuelas rurales del África subsahariana carece de electricidad, y más de dos tercios no tiene conexión a internet constante. Un modelo que trabaja con señal débil ayuda, pero ningún teléfono rinde sin carga ni cobertura mínima.


Georgieva sumó la advertencia laboral. El 40 % de los empleos del mundo cambiará o desaparecerá con el avance de esta tecnología, y los jóvenes cargan el riesgo mayor porque los puestos de entrada, esos trabajos rutinarios desde donde se subía de puesto, se están desvaneciendo. «Ningún joven quiere ser barista en una cafetería como futuro profesional», comentó la directora al describir ese callejón.


Qué significa para América Latina y el Caribe

La región conoce bien el mapa que describe el banco: municipios con cobertura irregular, escuelas sin conexión estable y millones de personas cuyo único aparato conectado es un celular de gama baja. República Dominicana, Haití y buena parte de Centroamérica comparten ese patrón con las zonas rurales de India o de África que cita el informe.


Para esos territorios, la IA pequeña abre una ruta práctica. Modelos en español y en las variantes del Caribe, entrenados con datos locales de agricultura, salud, educación y comercio, pueden correr en los teléfonos que la gente ya tiene. El costo de entrada baja porque no exige cambiar el aparato ni pagar un plan de datos grande para cada consulta.


La condición queda escrita en las propias declaraciones de Bangkok: sin electricidad confiable, sin redes que lleguen y sin reglas que protejan a los usuarios, el modelo pequeño se queda en promesa de congreso. El Banco Mundial todavía no anunció un programa de financiamiento atado a esta propuesta ni fechas para los primeros productos creados con gobiernos y empresas. Esa pieza, la del dinero asignado y los países piloto, es la que dirá si la IA pequeña pasa del discurso a las fincas y las aulas.


Fuente: The Outpost


Foto: The Outpost

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