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La IA no te deja sin trabajo: te muestra que tu trabajo nunca fue trabajo

Por Solaris.

Septiembre de 2026.

Este artículo estudia por qué la inteligencia artificial generativa en oficinas argentinas durante 2025-2026 no elimina trabajo necesario ni dispara la productividad, sino que expone tareas administrativas tautológicas. Releva literatura sobre automatización, debates sobre productividad y datos periodísticos de adopción, despidos y estancamiento. Clasifica esas evidencias a partir del cruce entre la noción de trabajos sin sentido de Graeber y la crítica del trabajo abstracto en Kurz y Postone. Sostiene que la IA automatiza representación y control, no trabajo concreto útil, y desplaza esfuerzo hacia supervisión, verificación y corrección. Contra la economía neoclásica y el aceleracionismo, muestra que el tedio y la simulación resultan de una valorización agotada. Cierra con límites metodológicos y condiciones sectoriales y temporales que permitirían refutar la hipótesis.

Palabras clave: trabajo abstracto, trabajos sin sentido, inteligencia artificial generativa, productividad, automatización, Argentina

Pregunta, hipótesis y método

El 29 de mayo de 2026, Forbes Argentina publicó la nota La productividad con IA ya no alcanza: qué revela el último Índice de Tendencias Laborales de Microsoft (Argentina, 2026a). El título condensa el problema que organiza esta sección: la adopción de inteligencia artificial generativa en oficinas no se traduce en un salto visible de la producción por trabajador y, en cambio, deja a la vista una capa de tareas cuya utilidad resulta dudosa. La pregunta que se formula aquí es por qué la automatización actual revela sinsentido en lugar de abolir trabajo necesario. La respuesta anticipada es que no sustituye trabajo concreto útil sino que vuelve observable un volumen de trabajo administrativo que ya no logra valorizar capital, aunque sigue ocupando la jornada.

El planteo se inscribe en un debate previo sobre automatización. Lahera Sánchez, autor para correspondencia de la Universidad Complutense de Madrid, publicó el 1 de diciembre de 2020, tras recepción el 20 de octubre de 2020, el artículo El debate sobre la digitalización y la robotización del trabajo (humano) del futuro: automatización de sustitución, pragmatismo tecnológico, automatización de integración y heteromatización en la Revista Española de Sociología, vol. 30, n.o 3, a66, pp. 1-14, ISSN 1578-2824 (Sánchez, 2021). Allí distingue cuatro enfoques complementarios y discute la hipótesis de un desempleo tecnológico masivo por difusión de la inteligencia artificial, la digitalización y la robotización vinculadas a la Industria 4.0 (Sánchez, 2021, p. 1). Más allá de lo legible en la página disponible, los ejemplos y las precisiones sobre proyecciones y coyuntura quedan como [dato a verificar] en este trabajo (Sánchez, 2021).

Ese marco ayuda a precisar expectativas. Las encuestas que el artículo comenta aportan el punto metodológico de que temor y beneficio coexisten (Sánchez, 2021); sin acceso a tablas y fichas, los porcentajes quedan como [dato a verificar] y no se trasladan a la Argentina. No se trata aquí de trasladar esos porcentajes a la Argentina, sino de retener el punto metodológico: temor y beneficio coexisten y la sustitución lisa y llana no describe el proceso. Por eso la hipótesis de este trabajo no espera una ola de despidos masivos por IA.

La conjetura programática de este trabajo sostiene que la IA generativa aplicada en oficinas argentinas no sustituye trabajo concreto útil sino que vuelve observable tiempo de trabajo pagado no validado que ya ocupaba la jornada. Con los datos del dossier no se corrobora en este trabajo; queda como [dato a verificar] si los sectores con mayor adopción documentada en 2025-2026 frente a 2023-2024 muestran estancamiento del producto validado por hora junto con más horas de supervisión y corrección, sin salto de productividad ni caída neta del empleo. La corroboración exige comparar por sector y por período: un sector refuta la hipótesis si, con adopción alta documentada, registra un aumento sostenido del producto por hora trabajada imputable a menor dotación para igual producto; también la refuta si la adopción alta reduce de modo persistente la proporción de horas dedicadas a revisar, corregir y supervisar. El período de contraste es 2025-2026 frente a 2023-2024, con cortes semestrales cuando las fuentes lo permitan. Donde no haya serie sectorial de adopción o de horas por tarea, clasifiqué el resultado como [dato a verificar] y no como confirmación.

El recorte a oficinas argentinas responde a una razón empírica y a una razón de diseño. La razón empírica es que la industria manufacturera argentina ya atravesó en la década de 2010 un ciclo de declive de la productividad laboral en un contexto de estancamiento macroeconómico, con aumento de la heterogeneidad intrasectorial y ampliación de brechas externas, según el estudio publicado en Estudios económicos N.o 87, de julio-diciembre de 2026, pp. 221-259, recibido el 20 de noviembre de 2025 y aceptado el 15 de abril de 2026 (Bernat, 2026, p. 1). En lo legible de la página disponible, ese trabajo plantea productividad laboral en contexto de estancamiento para la industria argentina de los 2010 (Bernat, 2026); el detalle de fuentes, ramas, comparaciones y períodos queda como [dato a verificar] sin trasladarse a tareas administrativas. La razón de diseño es no proyectar ese diagnóstico industrial sobre servicios administrativos sin evidencia propia: las oficinas se estudian con indicadores de oficina.

El método de esta sección es deliberadamente restringido. Relevé de manera exclusiva las fuentes listadas en el dossier, sin incorporar informes adicionales: el paper ¿Quién teme a la automatización del trabajo?, publicado en 2026 en COMeIN (Marco, 2026a); el artículo de Lahera Sánchez en la Revista Española de Sociología (Sánchez, 2021); el estudio de Gonzalo Bernat, investigador de la Universidad Austral, sobre productividad industrial argentina (Bernat, 2026); y la nota de Forbes Argentina del 29 de mayo de 2026 sobre el Índice de Tendencias Laborales de Microsoft (Argentina, 2026a). El examen de Argentina (2026a) se limita al registro publicado el 29 de mayo de 2026. Esa restricción fija el alcance: alcanza para formular pregunta, hipótesis y criterios de refutación, y para fijar definiciones operativas, pero no alcanza para medir adopción sectorial de IA en 2025-2026 ni horas de supervisión por ocupación. Esos vacíos se señalan como [dato a verificar] en lugar de cubrirse con proyecciones.

Las definiciones operativas que usará el resto del trabajo son dos. Por trabajo concreto útil se entiende la transformación que produce un efecto utilizable verificable por un tercero: un texto que informa una decisión, una planilla que cuadra con comprobantes, un trámite que avanza, un reclamo que se resuelve. El criterio es externo al esfuerzo: si se retira la tarea y nada cambia en el producto, la circulación o la decisión, no hay trabajo concreto útil. Por tiempo de trabajo pagado no validado se entiende el gasto de tiempo laboral que cobra salario por su mera conformidad con procedimientos, sin aporte demostrable al producto ni validación en el intercambio: informes que resumen informes, controles que controlan controles, métricas que sólo alimentan otras métricas. Se reserva trabajo abstracto para el gasto privado validado socialmente como valor. La distinción es operativa, no moral. La sección 3 la desarrolla en términos teóricos, donde trabajo concreto designa transformación útil y trabajo abstracto designa gasto validado como valor. Aquí basta para clasificar observaciones: redactar de cero un informe que decide una compra es trabajo concreto; pedir a un modelo un borrador, corregirlo, pasarlo a plantilla, cargarlo en tres sistemas y resumirlo para otra reunión puede contener trabajo concreto, pero la cadena de pasos repetidos sin cambio de contenido es candidata a trabajo abstracto tautológico.

De Marco (2026a) sólo se dispone del fragmento inicial reproducido en el dossier, que no trata automatización de oficinas y por eso no se usa aquí como antecedente[1]. El prólogo contrapone al productor material con la dirección política del trabajo a partir del encuentro con Hannah Arendt tras la crisis de los misiles de 1962 y del recuerdo del proyecto Manhattan, dirigido por Robert Oppenheimer, director del proyecto Manhattan, que desarrolló las primeras bombas atómicas en Los Álamos en 1945 (Marco, 2026a)[2]. La referencia importa porque la tesis de este paper no es artesanal en sentido nostálgico: no afirma que todo trabajo de oficina carezca de valor, sino que una parte medible de la jornada consiste en sostener procedimientos cuya supresión no altera el resultado. La IA, al generar borradores aceptables en segundos, desplaza el tiempo hacia revisar y justifica menos la cadena posterior.

Los límites quedan entonces explícitos. Primero, este trabajo no estima elasticidades ni atribuye causalidad sin serie sectorial de adopción, dotación, horas y producto para 2023-2026. Segundo, la productividad se entiende aquí en el sentido usado por Bernat (2026, p. 3): concepto sistémico y multidimensional que incluye tecnología, calidad y organización del trabajo, donde mayor productividad significa más producto con igual dotación de factores. Tercero, el aumento de supervisión y corrección debe medirse en horas por tarea y no en percepciones de uso, para evitar que la familiaridad con la herramienta se confunda con su efecto[3]. Si en un sector de oficina con adopción alta documentada el producto por hora sube de forma sostenida con menor dotación, o si las horas de revisión caen, la hipótesis de esta sección queda refutada para ese sector y período, aunque se sostenga en otros. Esa es la consecuencia que organiza la evidencia de las secciones siguientes.

Graeber y los trabajos sin sentido: aporte y límite

El punto de partida es un ensayo breve que tuvo una circulación desproporcionada respecto de su formato. Según la reconstrucción disponible, el texto sobre empleos sin sentido publicado en Strike! Magazine dio lugar a su desarrollo posterior en libro (Gallouj, 2023; Wikipedia, 2026g). La repercusión en diarios y blogs llevó al autor a abrir un correo electrónico para recibir testimonios y a convertir ese material en un libro publicado en Nueva York por Simon & Schuster el 15 de mayo de 2018 con el título original Bullshit Jobs: A Theory (Wikipedia, 2026g). La edición en inglés reseñada en Brasil consta de 333 páginas (Gómez, s/f), mientras que la edición traducida al español por Iván Barbeitos y publicada en España por Editorial Ariel en 2018 figura con 432 páginas (Wikipedia, 2026g)[4]. Esa diferencia de paginación entre ediciones importa porque la recepción posterior cita a veces una u otra sin advertirlo.

La definición propuesta en ese libro es subjetiva por diseño. Se trata de una forma de empleo remunerado tan completamente inútil, innecesaria o perniciosa que ni siquiera el empleado puede justificar su existencia aunque, como parte de las condiciones de empleo, se sienta obligado a fingir que no es así (Wikipedia, 2026g). El criterio de delimitación queda así en manos de quien realiza la tarea, ya que no habría nadie mejor que los propios trabajadores para medir el valor social de sus empleos (Gómez, s/f, p. 2). Ese criterio condiciona lo que sigue: no se clasifica por rentabilidad, por productividad física ni por calificación, sino por el juicio del ocupante sobre la necesidad de su puesto (Gómez, s/f). De los más de 250 testimonios recibidos tras divulgar la propuesta en diversas redes sociales, Graeber extrajo una tipología que buscó dar condición objetiva al fenómeno (Gómez, s/f, p. 2).

El dossier disponible permite reconstruir cuatro de los cinco tipos anunciados. Los lacayos, del inglés flunkies, sirven para que sus superiores se sientan importantes e incluyen recepcionistas, auxiliares administrativos o porteros; los matones, del inglés goons, actúan para perjudicar o engañar a otros en nombre de su empleador e incluyen grupos de presión, abogados corporativos, especialistas en relaciones públicas o community managers; los arreglalotodos, del inglés duct tapers, solucionan temporalmente problemas que podrían arreglarse de modo permanente e incluyen programadores que reparan código inflado o personal de recepción de aerolíneas que calma a pasajeros cuyas maletas no llegan; los burócratas, del inglés box tickers, crean la apariencia de que se está haciendo algo útil (Wikipedia, 2026g). Gauthier (2025) propone una formalización en Theory and Society que aquí sólo se registra como antecedente sin atribuirle resultados[5]. La tipología resulta eficaz para nombrar el tedio de oficina porque agrupa tareas que el observador reconoce de inmediato: acompañar, intermediar, reparar lo que el propio circuito genera y registrar que se hizo lo que se dice haber hecho. Su rendimiento es descriptivo antes que explicativo, y esa es su primera limitación para el recorte de este trabajo, centrado en oficinas argentinas frente a herramientas generativas durante 2025-2026.

La recepción crítica en español situó el libro dentro de una obra mayor. Ramos Colás, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, publicó el 15 de diciembre de 2018, tras revisión solicitada el 26 de noviembre de 2018 sobre un original recibido el 26 de junio de 2018, un ensayo de pp. 134-154 en el núm. 24(1) de Recerca: Revista de Pensament i Anàlisi, ISSN 1130-6149, con DOI http://dx.doi.org/10.6035/Recerca.2019.24.1.7 (Colás, 2019, p. 1). Allí se sostiene que la teoría de los trabajos basura o inútiles constituye uno de los pilares de la ideología neoliberal, junto con la omnipresencia de la burocracia y la moralidad de la deuda, y se organiza el examen en cuatro niveles: qué son, cómo afectan a quienes los realizan, cuáles son las causas económicas y por qué nadie hace nada para terminar con ellos (Colás, 2019, p. 1). La introducción del concepto de alienación se presenta como clave para entender el sentido de la obra, y el resto del ensayo expone las ideas principales del último libro de Graeber (Colás, 2019, p. 1). Esa lectura tiene la virtud de no reducir el fenómeno a una anécdota de oficina: lo conecta con Deuda y con La utopía de las normas, es decir, con una crítica de la moral del endeudamiento y de la administración por reglas (Colás, 2019, p. 2).

Una segunda recepción, publicada en Horizontes Antropológicos de Porto Alegre, año 25, n. 54, pp. 367-371, de mayo/agosto de 2019, por Guillermo Stefano Rosa Gómez, doutorando en Antropología Social de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul y bolsista Capes (Gómez, s/f, p. 1), precisa el método y el alcance. El avance tecnológico, en vez de liberar a las personas de jornadas largas y repetitivas, hizo que trabajaran más y en cosas que no quieren o no les gustan, y el término propuesto no es sinónimo de mala remuneración ni de condiciones precarias (Gómez, s/f, p. 2). La reseña subraya además el proceso de bullshitization, entendido como crecimiento de la cantidad de tareas sin sentido dentro de empleos con reconocido valor social (Gómez, s/f, p. 2). Esa distinción es relevante para oficinas, finanzas y servicios, donde puestos útiles en principio acumulan capas de reporte, control y documentación cuyo sentido se vuelve opaco para quien las ejecuta. El encuadre enciclopédico posterior confirma ese desplazamiento hacia los servicios: Gallouj (2023) incluye la entrada “Bullshit Jobs”, Service Jobs? en Elgar Encyclopedia of Services, publicada por Edward Elgar Publishing Limited en enero de 2023 dentro de la colección Economics 2023, con DOI https://doi.org/10.4337/9781802202595.Bullshit.Jobs.Service (Gallouj, 2023). Usadas sólo como mapeo inicial, estas entradas muestran que la discusión dejó el ensayo ocasional y pasó a un formato de referencia estable[6].

El intento de medición objetiva choca con el diseño inicial del concepto. Si la marca de pertenencia es el juicio del trabajador, cualquier encuesta agrega percepciones, no tiempos ni productos. La encuesta de YouGov documenta que una parte significativa de los ocupados declara esa percepción (Wikipedia, 2026g), pero no mide horas por tarea, tasas de retrabajo ni producto por hora. Por eso el esfuerzo de Gauthier (2025) por ofrecer una versión formal en Theory and Society resulta pertinente para este trabajo: indica que la categoría necesita condiciones de aplicación independientes del testimonio para poder contrastarse con registros de oficina. Sin ese paso, la tipología permite clasificar relatos con precisión y comparar sectores por frecuencia declarada, pero no permite decidir si una tarea persiste porque crea valor, porque sostiene jerarquías o porque ningún responsable tiene incentivos para eliminarla. La sección 1 fijó para 2025-2026 un criterio en horas por tarea y en producto por hora para evitar confundir familiaridad con la herramienta con efecto productivo; la literatura sobre trabajos sin sentido, en su estado reseñado aquí, todavía no entrega ese tipo de serie.

La crítica económica más directa proviene de un ángulo poco transitado en la recepción anglosajona. Orekhovsky, doctor en economía, profesor y principal investigador del Instituto de Economía de la Academia Rusa de Ciencias (Orekhovsky, 2021), publicó en Cuestiones de Economía Teórica, 2021, n. 3 (12), pp. 145-152, DOI 10.52342/2587-7666VTE_2021_3_145_152, con clasificación JEL A13, B59, J28, Z13, un texto recibido el 6 de mayo de 2021 y aceptado el 2 de septiembre de 2021 (Orekhovsky, 2021). Allí vincula el concepto con el placer que unas personas obtienen al humillar a otras y sostiene que el sentido y el contenido del trabajo quedan fuera del análisis económico, de modo que la ocupación adicional puede aportar utilidad social negativa y no positiva (Orekhovsky, 2021). El mercado aparece como neutral respecto de la maximización tanto de utilidad positiva como negativa, por lo que puede surgir un sistema donde la mayoría de los actores mantiene relaciones de hostilidad permanente, y la conclusión metodológica es que el análisis debe incluir la calidad y el contenido del trabajo además de la cantidad y la remuneración (Orekhovsky, 2021). La edición rusa discutida, publicada en Moscú por Ad Marginem Press en 2020 con 440 páginas (Orekhovsky, 2021), muestra que la circulación excedió el ámbito angloamericano. El argumento es útil porque desplaza la pregunta desde cuánto empleo hay hacia qué se hace en las horas pagadas, aunque su formulación en términos de utilidad deja intacto el problema de la valorización.

El anclaje en la alienación explica bien el malestar, pero no la persistencia. Herrman (2021), en Eidos: A Journal for Philosophy of Culture, vol. 5, n. 2, DOI 10.14394/eidos.jpc.2021.0019, recuerda que Graeber fue profesor de antropología en la London School of Economics, autor de Debt: The First 5000 Years, The Utopia of Rules y Bullshit Jobs: A Theory, activista anarquista y figura del movimiento Occupy Wall Street en 2011, a quien conoció en Austin, Texas, durante una gira de presentación, y que falleció el 2 de septiembre de 2020 a los 59 años (Herrman, 2021, p. 1). Ese marco biográfico e institucional ayuda a entender por qué la alienación ocupa el centro: se trata de una antropología de la dignidad dañada por jerarquías que obligan a fingir. La reseña brasileña lo formula en términos materiales precisos cuando retoma el estatuto moderno del tiempo y del trabajo: la constitución occidental moderna del tiempo de trabajo lo transformó en mercancía e instauró la separación entre la persona y su fuerza de trabajo, de modo que ocupar el tiempo en algo distinto de lo ordenado equivale a robar, y la condena del ocio convierte el puesto sin sentido en sufrimiento social (Gómez, s/f, p. 3). No son infrecuentes los relatos de personas con remuneración alta cuya función se reduce a atender una llamada telefónica por día y que se sienten extremadamente infelices, lo que contradice la expectativa del homo oeconomicus como sujeto de elección racional para quien menor esfuerzo y mayor lucro debería ser el ideal (Gómez, s/f, p. 2).

Ese rendimiento para el malestar subjetivo deja sin responder la reproducción objetiva. La predicción de John Maynard Keynes en 1930 de una semana laboral de 15 horas gracias a las ganancias de productividad de la automatización no se cumplió, y en su lugar se expandió el empleo remunerado que ni el empleado puede justificar (Wikipedia, 2026g). Si el capital pudiera automatizar esas tareas y aun así las conserva, la alienación describe cómo se vive esa conservación, pero no por qué resulta compatible con la acumulación. Ramos Colás (2019) enumera causas económicas y pregunta por qué nada se hace, mas su respuesta se mantiene en el plano de la ideología neoliberal, la burocracia y la deuda (Colás, 2019, p. 1). Orekhovsky (2021) advierte que el mercado no selecciona automáticamente contenido útil, pero no muestra bajo qué condiciones una tarea superflua cuenta como gasto necesario para realizar valor o como simple drenaje. Gallouj (2023) abre la vía de los servicios, donde finanzas, administración y atención concentran el fenómeno, pero su formato enciclopédico mapea usos antes que ofrecer series de horas y productos. El resultado es un límite preciso: se dispone de una descripción fina del tedio administrativo y de su costo psíquico, y se carece de un criterio que distinga, dentro de la oficina, entre trabajo que produce o realiza valor y trabajo que sólo ocupa tiempo pagado.

De ahí se sigue el paso que retoma la sección 3. Mientras la prueba sea el juicio sobre la utilidad social declarado por el ocupante, la discusión permanece en la moral del trabajo y en la jerarquía que obliga a simular. Para decidir si la herramienta generativa sustituye algo o sólo vuelve visible lo que ya no valorizaba, hace falta pasar de ese juicio a la forma valor: qué parte de la jornada cuenta como trabajo abstracto validado en el intercambio y qué parte circula como registro, supervisión y corrección sin validación. Esa es la consecuencia que deja planteada esta sección.

Trabajo abstracto y crisis de valorización

La distinción que dejó planteada la sección anterior entre ocupación pagada y validación en el intercambio exige una teoría del valor que permita decidir qué parte de la jornada de oficina cuenta como tiempo socialmente necesario. La tesis de esta sección es que las tareas que la herramienta generativa vuelve redundantes corresponden a tiempo de trabajo pagado no validado que se sostiene por inercia institucional, mientras se reserva trabajo abstracto para el gasto validado en el intercambio. El argumento se apoya en la determinación del doble carácter del trabajo, en la lectura de la dominación abstracta y en la delimitación frente a la propuesta poscapitalista de liberar la técnica.

Trabajo concreto, trabajo abstracto y valor

La determinación clásica del doble carácter parte de que la mercancía contiene valor de uso y valor de cambio y, por ello, el trabajo contenido en ella posee dos caras. Como trabajo concreto o útil crea valores de uso; como trabajo abstracto crea valores de cambio (Wikipedia, 2026e). La formulación epistolar del 8 de enero de 1868 de Karl Marx, autor de El Capital, a Friedrich Engels, destinatario de la carta, condensa el punto: si la mercancía tiene doble carácter, el trabajo encarnado en ella también debe tenerlo (Wikipedia, 2026e). De allí se siguen dos precisiones que el resto del trabajo mantiene. Primero, no se trata de dos tipos de trabajos distintos, como redactar un artículo o confeccionar calzado, sino de dos aspectos del mismo trabajo bifacético. Segundo, el valor de uso puede existir sin valor de cambio, pero el valor de cambio requiere un valor de uso realizable, del mismo modo que el trabajo concreto puede existir sin trabajo abstracto pero no a la inversa (Wikipedia, 2026e). La entrada fija así el marco mínimo: sólo el trabajo privado que se valida como parte del trabajo social mediante el intercambio cuenta como valor.

Rubin (1983) desplaza la cuestión desde el gasto fisiológico hacia la forma social: el trabajo abstracto es la forma que adquiere el trabajo privado cuando se socializa a posteriori en el mercado, lo que permite distinguir jornada ocupada de jornada validada en oficinas. El problema central que plantea es la relación recíproca entre trabajo y valor: cuál es el trabajo que crea y determina el valor y cuál es el valor creado por ese trabajo (Rubin, 1983). La respuesta de Rubin desplaza la cuestión desde la fisiología del gasto hacia la forma social. El trabajo abstracto no es gasto genérico de energía sino la forma que adquiere el trabajo privado cuando la socialización se efectúa a posteriori, en el mercado. Por eso la categoría de trabajo abstracto y la discusión sobre forma y contenido del valor constituyen, en sus términos, el problema central de toda teoría marxista (Rubin, 1983). Para el análisis de oficinas, la consecuencia es directa: una jornada puede estar ocupada sin estar validada, y el salario puede pagar presencia sin que el tiempo pagado se convierta en valor.

Ruiz Sanjuán reconstruye esa dificultad y denomina abstracción real a la igualación de trabajos heterogéneos en el intercambio (Sanjuan, 2023); el criterio que aquí se retiene es relevar la igualación efectiva y no presuponerla desde el esfuerzo observable. El texto, recibido el 26 de mayo de 2023 y aceptado el 1 de junio de 2023, sostiene que las interpretaciones naturalistas del trabajo abstracto impiden comprender la mediación que hace posible la reproducción social en el capitalismo (Sanjuan, 2023, p. 1). Sanjuan (2023) denomina abstracción real al proceso por el cual trabajos concretos heterogéneos se igualan en el intercambio, y reserva el término socialización capitalista para esa igualación posterior y no para una propiedad técnica del acto de trabajar (Sanjuan, 2023, p. 2). La prosa del resumen, disponible en español e inglés con palabras clave sobre trabajo abstracto, trabajo concreto, valor, intercambio y abstracción real, fija el criterio metodológico que aquí se retiene: relevar la igualación efectiva y no presuponerla a partir del esfuerzo observable (Sanjuan, 2023, p. 1)[7].

La discusión sobre la forma de valor precisa los límites de ese criterio. La entrada enciclopédica sobre la crítica registra cinco líneas de objeción y documenta el postfacio a la segunda edición alemana de El capital, tomo I, de 1873, donde el propio autor responde a la acusación de oscurantismo (Wikipedia, 2026b). Entre las reformulaciones figura La teoría de la historia de Karl Marx: una defensa, del filósofo marxista analítico Gerald Cohen, quien sostiene que el materialismo histórico puede prescindir de la teoría del valor trabajo (Wikipedia, 2026b). La entrada recoge también la respuesta de Marcel van der Linden, historiador citado en la discusión, según la cual la producción de un excedente sin control obrero subsiste aunque la teoría exacta sea discutible, y la formulación de Friedrich Engels, colaborador teórico de Marx, al final de la segunda parte del folleto Del socialismo utópico al socialismo científico de 1880 (Wikipedia, 2026b)[8]. Para este trabajo, el punto retenido no es filológico. Si la forma de valor es la mediación que valida o no valida el gasto privado, entonces la medición de productividad en oficinas no puede inferirse del volumen de documentos producidos.

Dos aportes delimitan esa medición. El artículo titulado Labour-value: living labour as an alternative to physiological and value-form interpretations of Marx’s theory, publicado en Critique en 2022, propone el trabajo vivo como alternativa a las lecturas fisiológicas y a las lecturas centradas sólo en la forma (Paula, 2022). Paula (2022) propone el trabajo vivo como alternativa a las lecturas fisiológicas y centradas sólo en la forma; aquí se retiene que repone el polo vivo frente al tiempo cronometrado. Cognigni discute la potencialidad del trabajo abstracto como categoría para interpretar la transformación de las relaciones de producción frente a formas precapitalistas (Cognigni, 2025, p. 1); aquí se retiene que historiza la mediación y no la trata como rasgo transhistórico. Cognigni (2025) revisa las formas del trabajo en formaciones precapitalistas para compararlas con las capitalistas y concluye que la categoría conserva rendimiento para interpretar la transformación de las relaciones de producción (Cognigni, 2025, p. 1). Ambos textos impiden reducir el valor a tiempo cronometrado: el primero porque repone el polo vivo, el segundo porque historiza la mediación.

Jaramillo ofrece el puente hacia estructuras heterogéneas al analizar la coexistencia de agentes capitalistas y mercantiles simples en un mismo mercado (Jaramillo, 2016, p. 1); aquí importa porque admite segmentos asalariados sostenidos por competencia y regulación sin participar de la valorización normal. Jaramillo analiza esa coexistencia y su persistencia por la propia acción del capital (Jaramillo, 2016). El texto distingue la descomposición permanente de los segundos por la competencia y la persistencia de formas simples como resultado de la propia acción del capital (Jaramillo, 2016, p. 2). La teoría del valor trabajo abstracto que desarrolla en el documento de 2013 completa el argumento sobre precios (Jaramillo, 2013). Para oficinas argentinas en 2025-2026, la lección es que la heterogeneidad no es residuo: segmentos enteros pueden cobrar salario y ocupar locales sin participar de la valorización normal, sostenidos por la competencia y por la regulación que los fija.

Kurz y Postone: dominación abstracta y crisis

En lo efectivamente legible del resumen disponible, Ayala-Colqui (2026) expone las propuestas poscapitalistas que hacen pasar la emancipación por el uso de las tecnologías de la información y les objeta que dejar de trabajar no basta si se preserva la lógica de la mercancía; este trabajo se limita a ese planteo sin presentar como base examinada otra lectura de la dominación abstracta. La dominación no se ejerce ante todo por personas sobre personas sino por la forma valor sobre el tiempo: el imperativo de convertir gasto concreto en tiempo abstracto validado. Cuando la productividad técnica expulsa trabajo vivo de la producción útil y el mercado no valida la masa restante de horas, el resultado no es tiempo libre sino tiempo pagado sin validación que las organizaciones conservan por norma, jerarquía y cobertura legal. Esos tres planos —gasto útil, igualación en el intercambio y permanencia institucional— ordenan el criterio final.

Holloway formula esa crisis como pérdida de credibilidad de la mediación entre actividad y reproducción, aunque las instituciones sigan exigiendo su representación (Holloway, 2008, p. 1); aquí se retiene el mecanismo y no el diagnóstico fechado. El resumen sostiene que 1968 debe verse como manifestación de la crisis del trabajo abstracto y que, tras esa fecha, surge una constelación de luchas dirigidas no sólo contra el capital sino contra el trabajo y caracterizadas por otra lógica (Holloway, 2008, p. 2). El texto, disponible en el repositorio redalyc con identificador de artículo 28611804004, interroga la centralidad del trabajo fetichizado antes de esa fecha y registra el cambio en las reglas del conflicto (Holloway, 2008, p. 3)[9]. Más allá del diagnóstico fechado, lo que aquí se retiene es el mecanismo: el trabajo abstracto entra en crisis cuando deja de funcionar como mediación creíble entre actividad y reproducción, y sin embargo las instituciones siguen exigiendo su representación.

Esa exigencia explica la tautología administrativa. Informes que resumen informes, planillas que controlan el llenado de otras planillas, correos que confirman la recepción de correos y minutas que acreditan reuniones para preparar reuniones consumen jornada sin transformar valores de uso ni realizar valor en el mercado. Jaramillo (2016) permite leer esa capa como heterogeneidad interna de la firma: conviven núcleos que participan de la valorización y periferias mercantiles o burocráticas simples que resisten por inercia y por la propia necesidad del capital de fijar controles (Jaramillo, 2016, p. 2). Sanjuan (2023) permite agregar que ninguna intensidad observable del tecleo o del cálculo convierte por sí sola esa capa en abstracción real si falta la igualación en el intercambio (Sanjuan, 2023, p. 2). La crisis, entonces, no se mide sólo por desempleo sino por la proporción creciente de tiempo pagado cuya validación es dudosa y que, no obstante, se registra como costo necesario.

El vínculo con la herramienta generativa es de visibilidad y no de sustitución. Cuando un modelo redacta en segundos un acta, un resumen o una presentación, no elimina por lo general una producción útil escasa sino que expone que esa producción ya circulaba como representación. La oficina descubre que pagaba la acreditación del trabajo y no su efectuación. Por eso la hipótesis general espera, ante mayor adopción en 2025-2026, estancamiento de la productividad medible y aumento de tareas de supervisión y corrección, y no despidos masivos ni salto de productividad. La categoría de dominación abstracta precisa la inercia: se mantiene la jornada porque el salario sigue siendo el modo de acceso al ingreso y porque la jerarquía necesita marcas de obediencia legibles, aunque el contenido validable se haya reducido[10].

Objeción poscapitalista y criterio de demarcación

La objeción poscapitalista sostiene que bastaría liberar la técnica de la lógica mercantil para emancipar tiempo. En la versión sistematizada por el artículo publicado en Las Torres de Lucca en 2026, el horizonte donde los seres humanos ya no trabajen pasaría por el uso de las tecnologías de la información en las propuestas de Paul Mason, proponente del poscapitalismo examinado en el texto, y de Alex Williams, Nick Srnicek y Helen Hester, coautores de la plataforma aceleracionista examinada en el texto (Ayala-Colqui, 2026). Ayala-Colqui (2026) expone esas ideas y argumenta que su énfasis en la abolición del trabajo no aborda la escisión fundamental entre trabajo concreto y abstracto. La conclusión del resumen es que dejar de trabajar no basta para salir del capitalismo si se preserva la abstracción del trabajo o la lógica de la mercancía (Ayala-Colqui, 2026). La objeción, así formulada, es pertinente porque comparte el diagnóstico de automatizabilidad y discrepa en el remedio.

El límite de esa propuesta para el objeto de este trabajo es doble. Primero, confunde automatizabilidad técnica con supresión de la forma valor: que un texto pueda generarse sin esfuerzo no suprime la necesidad de validación social del tiempo restante. Segundo, traslada a la técnica una potencia emancipadora que depende de relaciones de producción y no de la velocidad del procesador. La historia conceptual apoya la cautela: Cognigni (2025) muestra que el trabajo abstracto funcionó como mediación específica del capitalismo frente a formas precapitalistas y no como rasgo transhistórico del esfuerzo, de modo que su superación exige transformar la mediación y no sólo acelerar la tarea (Cognigni, 2025, p. 1). Paula (2022) refuerza el punto al reponer el trabajo vivo frente a lecturas que lo disuelven en forma pura o en fisiología. Sin esa distinción, la liberación técnica conserva la abstracción bajo la forma de plataformas, métricas y rentas.

El criterio teórico que distingue automatizar producción útil de automatizar representación se fija entonces en tres condiciones observables en la oficina. Hay automatización de producción útil cuando la herramienta reduce el tiempo socialmente necesario de un valor de uso identificable, con demanda solvente y validación posterior en el intercambio o en la prestación efectiva, en el sentido de Rubin (1983) y de Sanjuan (2023, p. 2). Hay automatización de representación cuando la herramienta acelera la producción de registros, resúmenes, controles y correcciones cuya circulación no modifica valores de uso ni encuentra validación independiente, aunque consuma salario y tiempo de supervisión. El caso mixto, frecuente, es aquel donde la misma herramienta reduce minutos de redacción útil y multiplica minutos de verificación, de modo que el efecto neto sobre la jornada validada es nulo y el efecto sobre la jornada registrada es expansivo. Las secciones 5 y 6 aplican ese criterio a la evidencia de oficinas: clasifican cada uso declarado según transforme un producto entregable o sólo su acreditación, y exigen para el primer grupo prueba de validación externa.

El alcance del criterio queda delimitado. No mide utilidad social en sentido moral ni jerarquiza oficios; mide validación. No niega que la representación pueda ser condición administrativa de la venta en sectores regulados; afirma que, en ese caso, su costo debe leerse como deducción y no como creación de valor. No predice el fin del trabajo en general; predice la persistencia de tiempo pagado sin valorización mientras el salario siga organizando el acceso al ingreso y la firma siga premiando la legibilidad jerárquica. Si la evidencia mostrara reducción sostenida del tiempo socialmente necesario con validación constante o creciente, el criterio registraría automatización útil y la hipótesis de esta sección quedaría acotada a los segmentos donde domina la representación[11].

Contra el progreso técnico y el aceleracionismo ingenuo

El criterio delimitado en la sección anterior permite ordenar la discusión sobre el cambio técnico. La ocupación de la jornada no equivale a validación en el intercambio, y esa diferencia obliga a revisar dos lecturas que dan por descontado el pasaje automático de la capacidad técnica a la productividad y de la productividad a los salarios. La primera es la explicación neoclásica de la sustitución y la complementariedad. La segunda es la lectura aceleracionista que identifica más automatización con más abundancia disponible. Ninguna de las dos registra el desacople documentado entre salarios y productividad ni la persistencia del estancamiento, y por eso resultan insuficientes para evaluar la adopción de inteligencia artificial generativa en oficinas durante 2025 y 2026. La hipótesis general de este trabajo prevé, para ese período, estancamiento de la productividad medible y aumento de tareas de supervisión y corrección en los segmentos de mayor adopción, sin despidos masivos ni salto de productividad.

Sustitución neoclásica y desacople salarios-productividad

La teoría económica tradicional trata el progreso técnico como un factor exógeno que sustituye trabajo directo o lo complementa y que, por esa vía, eleva el producto por hora y derrama hacia las remuneraciones. Herrero (1987) observa que esa tradición niega al progreso técnico una categoría económico-social propia, y propone en cambio comprender el cambio técnico desde su globalidad, desde la creación hasta la difusión, desde la visión técnica hasta la sociológica (Herrero, 1987, p. 2). El punto es pertinente porque desplaza la explicación desde la función de producción hacia las condiciones de creación y uso. La creación científico-técnica surge y se desarrolla desde motivaciones económico-sociales, o cuando menos su gestación se realiza en coordenadas de tiempo y lugar precisas, configuradas por un entorno determinado (Herrero, 1987, p. 2). En ese marco, la automatización reúne diversas tecnologías que confluyen en sistemas más integrados y supone la sustitución del trabajo directo, con integración en los equipos de funciones antes realizadas por trabajadores (Herrero, 1987, p. 2). La sustitución queda así descripta como posibilidad técnica, sin que de ella se derive una consecuencia necesaria sobre salarios o sobre validación del producto.

La evidencia disponible sobre salarios y productividad impide sostener el derrame como resultado regular. La síntesis enciclopédica describe como pauta sostenida la disociación entre salario mediano real y productividad (Wikipedia, 2026d); sin fuente primaria con serie, país, período y método explícitos, las magnitudes por país y período quedan aquí como [dato a verificar] y no se adoptan como prueba. Ese mismo relevamiento plantea una disociación significativa en las primeras décadas del siglo XXI (Wikipedia, 2026d); sin fuente primaria verificable, el alcance por países y los cortes temporales quedan como [dato a verificar]. La desagregación por países muestra trayectorias distintas dentro del mismo desacople general (Wikipedia, 2026d); los valores por país quedan como [dato a verificar] sin fuente primaria. El cuadro no corresponde a un accidente de medición de un año puntual sino a una pauta sostenida[12].

Parte de la discusión depende de cómo se mide la remuneración típica. La entrada referida advierte que la media puede moverse por la cola alta sin que mejore la remuneración típica (Wikipedia, 2026d); los valores ilustrativos que trae no se usan aquí como medición del desacople. La precisión importa para este trabajo porque el promedio puede moverse por la cola alta de la distribución sin que mejore la remuneración del trabajador representativo de oficina. Las hipótesis sobre causas del desacople mencionadas en esa síntesis incluyen la automatización, la mundialización, el trabajo autónomo, la desigualdad salarial y la deslocalización, y se consigna además la objeción de que todo o parte del fenómeno puede deberse a supuestos erróneos sobre la economía subyacente (Wikipedia, 2026d). Esa cautela metodológica se retoma más abajo al fijar la alternativa del rezago y la mala medición.

El estancamiento prolongado de la productividad también está documentado fuera del recorte salarial. El volumen Productividad, crecimiento y estancamiento de la economía mexicana (1950-2015), coordinado por Enrique Hernández Laos, coordinador del volumen, y publicado en México por Comunicación Científica en 2022, en primera edición de 691 páginas y formato de 16,5 por 23 cm, con ISBN 978-607-99746-6-4, examina de manera cuantitativa la trayectoria de la productividad multifactorial agregada y sectorial de México, la acumulación de capital fijo y humano, el desarrollo tecnológico, las tendencias demográficas y las condiciones de operación de los mercados de factores en el período 1950-2015 (Laos, 2022)[13]. La obra plantea que la ruta del crecimiento registra desde hace varias décadas un carácter precario y que en diversos años revistió un franco estancamiento en términos per cápita (Laos, 2022). Los metadatos de acceso abierto registran 3592 accesos y 265 descargas desde el 9 de mayo de 2022, con 2 citas acumuladas, dato que indica circulación acotada y no altera el contenido analítico (Laos, 2022). Lo retenido aquí es acotado: una economía puede incorporar cambio técnico durante décadas sin traducirlo en crecimiento sostenido del producto por habitante, lo que vuelve inverosímil la expectativa de un derrame inmediato y general de la inteligencia artificial hacia salarios y productividad.

Aceleracionismo y confusión entre capacidad técnica y forma social

La segunda lectura discutida identifica capacidad de automatizar con superación de la escasez y liberación de tiempo. En su versión sobria sostiene que, removidos los obstáculos regulatorios o la falta de inversión, la difusión de la herramienta generativa elevará el producto y reducirá la carga de trabajo. En su versión ampliada postula abundancia y tiempo libre como efecto directo de la escala técnica. El problema de ambas formulaciones es que tratan la forma social que comanda el uso como un accesorio externo, cuando esa forma decide qué se automatiza, qué se supervisa y qué cuenta como producto válido. La reseña de Herrero (1987) formula la tensión en términos que siguen utilizables: la liberación respecto del sometimiento a las fuerzas de la naturaleza resulta contradictoria con las necesidades de valorización del capital, que somete al trabajador productivo a la lógica del beneficio (Herrero, 1987, p. 2)[14]. No se trata de una tesis sobre intenciones empresariales sino sobre el criterio que valida el gasto: el tiempo pagado persiste si sostiene valorización o si resulta impuesto por la organización jerárquica, aunque no reduzca el tiempo socialmente necesario del bien o servicio final.

La coyuntura informativa de 2026 muestra la oscilación entre diagnósticos opuestos sin resolver esa mediación. El 20 de abril de 2026 la nota The AI Revolution Could Usher In a New Age of Stagnation planteó el riesgo de estancamiento asociado a la revolución de la inteligencia artificial (Jacobin, 2026). El 11 de mayo de 2026 la nota America is experiencing a productivity miracle sostuvo la lectura inversa para los Estados Unidos (Economist, 2026). El 23 de septiembre de 2026 la nota Productivity stagnation is breaking the business-government pact situó el estancamiento de la productividad como factor de ruptura del pacto entre empresas y gobierno (AFR, 2026). La sucesión de titulares no dirime la cuestión, pero documenta que adopción visible y productividad agregada pueden moverse en direcciones distintas durante el mismo año calendario, y que el desacople no es una anomalía argentina sino un horizonte discutido en centros y periferias.

El caso canadiense permite precisar el mecanismo intermedio de la supervisión. El estudio From Hype to Output: How AI Investment Translates to Real Productivity Gains sostiene que la inteligencia artificial renovó el optimismo sobre el problema persistente de productividad de Canadá, pero recuerda que las tecnologías de propósito general suelen tardar décadas en producir ganancias agregadas medibles, con mejoras iniciales modestas mientras las firmas experimentan e invierten en activos complementarios como datos, habilidades y cambios organizacionales (Wyonch, 2026). El tratamiento de Canadá retiene lo legible del resumen disponible (Wyonch, 2026). En ese resumen se indica que Canadá presenta un desempeño razonable en clasificaciones internacionales de inteligencia artificial y una producción sólida de investigación, pero rezagos en capacidad de cómputo y comercialización, con uso frecuente de herramientas generativas por parte de la población y adopción empresarial despareja y relativamente limitada (Wyonch, 2026). En lo efectivamente legible del resumen disponible, Wyonch (2026) sostiene que las tecnologías de propósito general tardan en rendir ganancias agregadas medibles mientras las firmas experimentan e invierten en datos, habilidades y cambios organizacionales; los porcentajes de adopción y los motivos declarados quedan como [dato a verificar] sin tabla ni página exactas.

Ese 12 por ciento con poco cambio en el empleo resulta compatible con la hipótesis de este trabajo. Donde la herramienta se incorpora sin rediseño del proceso, el efecto inmediato no es la supresión del puesto sino la adición de verificación, corrección de borradores, normalización de formato y control de consistencia. La carga se desplaza del tipeo o la redacción inicial hacia la revisión, y el tiempo total pagado no cae. La explicación alternativa, que debe tomarse en serio, afirma que ese costo de supervisión es transitorio y responde a rezago de adopción o a mala medición del producto. En la formulación del rezago, las firmas todavía experimentan y faltan datos, habilidades y reorganización, por lo que las ganancias aparecerían cuando esos complementos maduren. En la formulación de la mala medición, el producto mejora en calidad o variedad sin quedar registrado en las series de productividad, por lo que el estancamiento sería un artefacto estadístico.

Para que esa alternativa desplace a la conjetura aquí sostenida se requiere evidencia especificable de antemano. La objeción del rezago, formulada en lo legible por Wyonch (2026) cuando advierte que las ganancias tardan mientras faltan datos, habilidades y reorganización, quedaría sostenida si en los segmentos de mayor adopción se observara caída sostenida del tiempo de supervisión por pieza validada con producto por hora en alza. La objeción de la mala medición, también contemplada por Wyonch (2026), exigiría series corregidas con método explícito que reviertan el estancamiento. La lectura neoclásica de la sustitución (Herrero, 1987) y la poscapitalista de la abundancia técnica (Ayala-Colqui, 2026) quedan sometidas a la misma prueba. Mientras esos registros no existan, con [dato a verificar] para 2025-2026, la interpretación más sobria es que la herramienta vuelve legible tiempo pagado no validado que ya ocupaba la jornada. La distinción entre capacidad técnica y forma social evita así dos errores simétricos: negar la eficacia local de la herramienta y suponer que esa eficacia se convierte por sí misma en productividad social[15].

Oficinas argentinas 2025-2026: adopción baja, supervisión alta

El cuadro argentino de 2025-2026 no muestra una sustitución generalizada de puestos por sistemas generativos, sino una incorporación parcial y estratificada que traslada horas desde la elaboración hacia la revisión. La evidencia periodística y técnica reunida para este período describe un mercado laboral donde la herramienta circula con amplitud en usos personales, penetra poco en procesos empresarios formalizados y, cuando penetra, genera una demanda adicional de control. Esa combinación permite someter a prueba la hipótesis general del trabajo con un criterio observable: si la conjetura es correcta, allí donde la herramienta se usa debería registrarse estabilidad en los planteles junto con persistencia de tareas representacionales y crecimiento de funciones de verificación, sin un incremento verificable del producto por hora ni una contracción neta del empleo de oficina atribuible a la herramienta.

Adopción desigual y promesas de infraestructura

El dato de partida es la posición rezagada del país en la comparación internacional difundida en septiembre de 2026. El 19 de septiembre de 2026, Infobae publicó la nota titulada Ranking de adopción de IA: según un banco de EE.UU., Argentina está en el último lugar sobre 28 países evaluados (Infobae, 2026a). El 20 de septiembre de 2026, Ámbito retomó la misma medición con el título Argentina quedó última en un ranking de adopción de inteligencia artificial: qué impacto tiene sobre el empleo (Ambito, 2026). El 21 de septiembre de 2026, el Diario El Norte de San Nicolás tituló Argentina, última en adopción laboral de inteligencia artificial (Nicolás, 2026a), y en la misma fecha Mundo Empresarial AR tituló Argentina, última en IA: adopción inferior al 10% afecta empleo (AR, 2026). Estas cuatro coberturas remiten a una misma medición de origen bancario citada por la prensa entre el 19 y el 21 de septiembre de 2026, con última posición entre 28 países evaluados (Infobae, 2026a; Ambito, 2026; Nicolás, 2026a; AR, 2026), y se tratan aquí como una sola observación de prensa porque el informe primario no integra el material disponible[16].

La cifra inferior al 10% debe leerse con cautela metodológica. No describe frecuencia de contacto ocasional con la herramienta, sino incorporación laboral declarada bajo el criterio del relevamiento citado por la prensa en septiembre de 2026 (AR, 2026). Esa restricción explica la distancia con otro registro de diciembre de 2025. El 10 de diciembre de 2025, Infobae publicó En Argentina, 6 de cada 10 personas usan IA, pero las empresas no siguen el ritmo (Infobae, 2025). La diferencia entre 6 de cada 10 personas que declaran algún uso y menos de 1 de cada 10 empleos que incorporan la herramienta en sus rutinas no constituye una contradicción entre fuentes, sino la marca de dos unidades de observación distintas: individuos frente a puestos formalizados. El uso personal extendido convive con una integración organizativa débil, sin rediseño de procesos ni redefinición de responsabilidades. Por ese motivo, la lectura más prudente es que la herramienta circula como apoyo informal antes que como infraestructura productiva.

El segmento de pequeñas y medianas empresas confirma ese diagnóstico intermedio. El 6 de mayo de 2026, ellitoral.com publicó Un 41,6% de Pymes usan IA pero la mayoría sin plan ni capacidades para pegar el salto productivo (ellitoral.com, 2026). El 41,6% indica una difusión no despreciable en el estrato pyme, pero el propio titular introduce la ausencia de plan y de capacidades como límite para traducir ese contacto en un cambio en el producto. La distinción es relevante para la hipótesis, porque separa el acceso a la herramienta de su validación organizativa. Que cuatro de cada diez firmas declaren algún empleo no implica que ese empleo modifique tiempos socialmente reconocidos ni costos unitarios. Sin estrategia de integración, sin capacitación específica y sin medición de resultados, el uso tiende a superponerse a rutinas previas: se redacta con asistencia, se resume con asistencia, se presenta con asistencia, sin que se suprima la instancia posterior de corrección humana.

El 7 de septiembre de 2026, Cenital publicó La inteligencia artificial en el entramado productivo argentino (Cenital, 2026). Ese registro aporta sólo título y fecha (Cenital, 2026), por lo que no se reconstruyen montos ni anuncios. No se reconstruye aquí un programa de inversiones ni un listado de obras, porque el material no provee montos, localizaciones ni cronogramas verificables. La mención importa, sin embargo, por el contraste que establece: mientras la adopción laboral permanece por debajo del 10% en la medición citada el 21 de septiembre de 2026 (AR, 2026), el debate público de septiembre de 2026 desplaza la expectativa hacia la infraestructura futura. Esa disociación entre promesa de capacidad instalada y uso efectivo bajo es característica de fases iniciales de difusión, donde el anuncio antecede a la reorganización del trabajo. Para los fines de esta sección, el punto documentable es el primero, mientras el segundo queda registrado como horizonte discursivo sin correlato ocupacional medido[17].

La consecuencia analítica de este primer bloque es que la Argentina no ofrece, en 2025-2026, un caso de automatización generalizada. Ofrece un caso de heterogeneidad: contacto individual alto según el registro del 10 de diciembre de 2025 (Infobae, 2025), ensayo parcial en pymes según el registro del 6 de mayo de 2026 con 41,6% (ellitoral.com, 2026), e incorporación laboral por debajo del 10% con última posición entre 28 países según los registros del 19, 20 y 21 de septiembre de 2026 (Infobae, 2026a; Ambito, 2026; Nicolás, 2026a; AR, 2026). Ninguno de esos registros documenta un aumento del producto por trabajador ni una reducción atribuible a la herramienta en el conjunto de oficinas. Lo que documentan es una capa de uso superpuesta a planteles estables.

Despidos puntuales, amenaza de oficina y retracción industrial

El segundo bloque examina si esa estabilidad de planteles se sostiene frente a la prensa sobre cesantías tecnológicas y riesgo para tareas administrativas. El 16 de marzo de 2026, TradingView publicó Ola de despidos por IA sacude al sector tecnológico: 45,000 empleos perdidos a inicios de 2026 (TradingView, 2026). La cifra de 45.000 empleos perdidos refiere al sector tecnológico a escala global en el inicio de 2026, no al empleo de oficina argentino. El 28 de abril de 2026, El Cronista publicó Se esperan 90.000 despidos tech para 2026: este es el gran cambio que podría dejar a todas estas personas sin trabajo (Cronista, 2026). La proyección de 90.000 desvinculaciones para 2026 opera como expectativa sectorial, centrada en firmas tecnológicas, y no como registro de bajas consumadas en administraciones locales. El 12 de marzo de 2026, Infobae publicó La inteligencia artificial amenaza con despidos masivos en empleos de oficina (Infobae, 2026c). El verbo del titular sitúa el enunciado en el plano de la amenaza antes que en el del conteo, y el objeto delimitado son los empleos de oficina. Tomados en conjunto, los tres títulos configuran un clima de anticipación adversa sin aportar una serie argentina de bajas por reemplazo comprobado[18].

Ese clima debe contrastarse con el comportamiento industrial del período. El 30 de noviembre de 2025, EL PAÍS publicó La industria argentina se desploma: cierran 28 empresas por día (PAÍS, 2025). El ritmo de 28 cierres diarios describe una retracción del entramado manufacturero por causas que el titular no atribuye a la IA, sino a un desplome de actividad. La inclusión de este dato responde a una exigencia de método: no imputar a la herramienta destrucciones de puestos que corresponden a la coyuntura recesiva. Si en 2025 cierran 28 empresas por día en la industria (PAÍS, 2025), cualquier caída del empleo en ese segmento requiere una prueba específica de sustitución tecnológica antes de contabilizarse como efecto de la automatización. Sin esa prueba, la retracción industrial opera como factor de confusión que debe mantenerse separado.

En el plano prescriptivo, la prensa económica local registra una preocupación distinta a la del recorte. El 19 de enero de 2026, Forbes Argentina publicó Cómo automatizar sin despedir: el verdadero desafío de la IA en 2026 (Argentina, 2026b). El título desplaza el eje desde la supresión de puestos hacia la reorganización sin bajas, y fija como problema la forma de incorporar la herramienta manteniendo dotaciones. Esa formulación resulta coherente con el cuadro de adopción baja y uso sin estrategia: donde la herramienta no reemplaza procesos completos, el ajuste no toma la forma de despido general, sino de reasignación de tiempos hacia supervisión. La fuente no aporta una medición de productividad ni un censo de firmas, por lo que se la utiliza aquí como indicador de encuadre empresario antes que como evidencia de resultados.

La evaluación parcial de este bloque es que no se verifica una ola local de supresiones imputable a sistemas generativos en oficinas argentinas durante 2025-2026. Se verifican tres hechos de otro orden: una cifra global de 45.000 empleos tecnológicos perdidos a inicios de 2026 (TradingView, 2026), una proyección sectorial de 90.000 desvinculaciones para 2026 (Cronista, 2026) y una advertencia específica sobre puestos administrativos formulada el 12 de marzo de 2026 (Infobae, 2026c), todo ello sobre un fondo de cierre de 28 empresas industriales por día registrado el 30 de noviembre de 2025 (PAÍS, 2025). La amenaza enunciada para tareas de oficina no se convierte, en el material disponible, en una serie de bajas locales con causa tecnológica identificada. La retracción ocupacional que sí está documentada pertenece a la industria en retroceso y no puede trasladarse sin mediación al trabajo administrativo asistido por IA.

De producir a supervisar: automatización robótica, agentes y dirección algorítmica

El tercer bloque describe el desplazamiento cualitativo que sí encuentra sustento: de la elaboración directa a la verificación de resultados generados o ejecutados por software. Tres piezas permiten delimitarlo con precisión conceptual. La primera es la definición técnica de automatización robótica de procesos. Según la entrada Automatización robótica de procesos de Wikipedia en español (Wikipedia, 2026c), la RPA designa una instancia de software preconfigurada que ejecuta, mediante reglas y coreografía predefinida, combinaciones de procesos, actividades, transacciones y tareas en uno o más sistemas, operando sobre la interfaz de usuario de la misma manera que un ser humano. La definición, atribuida en esa entrada a la Asociación de Normas del IEEE, sitúa a la RPA por debajo de la interfaz, en la réplica de gestos operativos como la carga de datos en un sistema SAP, y la distingue de la integración por interfaces de programación. Esa caracterización importa porque fija el tipo de tarea afectada: rutinas estructuradas, repetitivas y basadas en reglas, propias de back office, y no el conjunto del trabajo de oficina.

La segunda pieza es el análisis jurídico-laboral de la gestión por algoritmos. José Guillermo Jonathan Guzmán López, investigador vinculado a la Universidad Católica de Santa María, publicó en marzo de 2025 el artículo Dirección algorítmica y gestión del empleo: El mito de la neutralidad de la Inteligencia Artificial, en la revista Laborem, Número 31, pp. 211-226 (López, 2025). El resumen del trabajo, expuesto en la p. 1 del documento, sostiene que la IA y los algoritmos han redefinido la gestión del empleo al permitir la automatización de procesos como la selección de personal, la asignación de tareas y la evaluación del desempeño, y advierte que esa promesa de eficiencia genera riesgos como opacidad y discriminación (López, 2025, p. 1). El encabezado de la p. 3 identifica como problema específico los derivados de la supervisión y vigilancia ejercida por el empleador mediante la IA (López, 2025, p. 3). El aporte conceptual reside en la noción de dirección algorítmica: no se trata sólo de producir textos o resúmenes, sino de ordenar el trabajo mediante sistemas que distribuyen tareas, monitorean tiempos y evalúan rendimientos. Cuando esa capa se instala, el trabajador de oficina pasa a ser medido por el sistema al mismo tiempo que debe controlar los resultados del sistema.

La tercera pieza es la difusión de agentes en el contexto local. El 25 de agosto de 2026, Infobae publicó Cómo los agentes IA están potenciando la productividad de los trabajadores en Argentina (Infobae, 2026b). El titular atribuye a los agentes un efecto potenciador sobre el rendimiento individual. La nota no provee en el material disponible una serie de producto por hora ni una comparación antes y después con grupo de control, por lo que su valor probatorio es limitado para afirmar un incremento social de la productividad. Lo que sí documenta es la dirección del cambio técnico en 2026: del asistente que responde a una instrucción puntual al agente que encadena pasos, consulta sistemas y prepara entregables. Ese pasaje eleva la carga de supervisión, porque cada eslabón encadenado exige verificación: datos de entrada, fuentes citadas, cálculos intermedios, formato de salida. El tiempo ahorrado en redacción reaparece como tiempo de lectura crítica, cotejo y corrección[19].

La articulación de las tres piezas describe un circuito reconocible en oficinas con adopción parcial. La RPA absorbe cargas de ingreso y traslado de datos entre sistemas (Wikipedia, 2026c). Los agentes preparan borradores, síntesis y reportes cuya eficacia se enuncia en agosto de 2026 (Infobae, 2026b). La dirección algorítmica asigna, registra y evalúa esas operaciones bajo criterios opacos (López, 2025, p. 1). El resultado no es la desaparición del puesto, sino su reconversión en puesto de control: se revisa lo que el robot cargó, se corrige lo que el agente redactó, se responde a las métricas que el sistema de gestión impone. Esa reconversión explica por qué la adopción puede crecer en usos puntuales sin que se observe una caída proporcional de horas totales. Las horas se desplazan desde la producción directa hacia tareas de garantía que la organización no contabiliza como producto, pero exige como condición para liberar el entregable.

Este desplazamiento encuentra un correlato en el diagnóstico sobre pymes del 6 de mayo de 2026. Si el 41,6% de esas firmas declara algún uso pero sin plan ni capacidades (ellitoral.com, 2026), la supervisión resultante tiende a ser artesanal: cada equipo inventa sus propios controles, sin protocolos de validación ni reparto explícito de responsabilidades ante el error del sistema. La ausencia de estrategia convierte la verificación en sobrecarga difusa. El trabajador dedica porciones crecientes de la jornada a detectar alucinaciones, inconsistencias numéricas y fallas de formato, sin que esa dedicación figure como categoría ocupacional ni como mérito evaluable, salvo cuando el error se filtra. La dirección algorítmica descrita en marzo de 2025 agrava ese cuadro, porque la vigilancia ejercida mediante IA (López, 2025, p. 3) mide tiempos y resultados sin registrar el costo de la verificación que ella misma vuelve necesaria[20].

La prueba propuesta en la primera sección del trabajo exigía, para sostener la hipótesis, mostrar estancamiento del rendimiento medible junto con expansión de funciones de control, sin contracción neta de planteles por reemplazo ni despegue del producto. El material de esta sección satisface esa exigencia de modo parcial pero convergente. Del lado del empleo, la última posición entre 28 países con incorporación inferior al 10% (Infobae, 2026a; Ambito, 2026; Nicolás, 2026a; AR, 2026) y el uso pyme de 41,6% sin plan (ellitoral.com, 2026) excluyen un escenario de reconversión completa en el bienio. Del lado de la prensa sobre bajas, las cifras de 45.000 empleos tecnológicos a inicios de 2026 (TradingView, 2026) y la proyección de 90.000 para el año (Cronista, 2026), junto con la advertencia del 12 de marzo de 2026 sobre puestos administrativos (Infobae, 2026c), no conforman una serie local de sustitución, mientras el cierre de 28 firmas industriales por día documentado el 30 de noviembre de 2025 (PAÍS, 2025) recuerda que la destrucción de puestos responde a otra causalidad. Del lado de la reorganización, la definición de RPA como réplica de acciones humanas sobre la interfaz (Wikipedia, 2026c), la caracterización de la dirección algorítmica como automatización de selección, asignación y evaluación con riesgos de opacidad (López, 2025, p. 1) y la expansión de agentes presentada el 25 de agosto de 2026 (Infobae, 2026b) describen con precisión el pasaje de producir a supervisar.

Queda un límite que debe quedar enunciado sin atenuantes. Ninguna de las fuentes reunidas aporta una serie argentina de producto por hora en oficinas para 2025-2026 con cobertura representativa, ni un diario de tiempos que desagregue elaboración y revisión antes y después de la incorporación de la herramienta. La afirmación de estancamiento se sostiene, por tanto, por vía negativa: ausencia de evidencia de despegue donde la adopción es baja y fragmentaria, persistencia de planteles donde el uso es asistencial, y crecimiento conceptual y organizacional de tareas de control donde hay automatización parcial. Esa base alcanza para descartar el relato de reemplazo general y para dar contenido observable al crecimiento de la supervisión, pero no permite cuantificar su magnitud. La investigación futura requiere registros de firma con horas de verificación discriminadas y criterios explícitos de validación del producto asistido, sin los cuales la masa de trabajo revelada por la herramienta seguirá ocupando la jornada sin verse reflejada en las mediciones corrientes[21].

La paradoja de productividad de la IA

La paradoja que organiza esta sección se formula como tensión entre eficiencia y verificación (Felger, 2026); en lo efectivamente legible del extracto disponible, el detalle de muestra y protocolo queda como [dato a verificar] y aquí sólo se retiene el mecanismo de reasignación hacia control. El título exacto del trabajo, The Efficiency–Verification Paradox of Generative AI Use: Exploring the Tension Between Productivity and Accuracy, indica el desplazamiento que interesa: la herramienta reduce el tiempo de tareas cognitivas rutinarias y aumenta en paralelo la necesidad de verificación, evaluación crítica y juicio ético (Felger, 2026). El ahorro no desaparece por falla técnica puntual sino por reasignación: lo que se gana en generación se traslada a control. Esa es la proposición que se examina aquí para periodismo, educación y trabajo administrativo, sin reiterar la descripción de niveles de uso ya establecida para 2025-2026.
En periodismo, el mecanismo opera sobre producción informativa y requisitos de alfabetización mediática (Felger, 2026). El borrador automático acelera la redacción de piezas, síntesis de cables y versiones preliminares, pero cada segmento generado debe ser cotejado en exactitud, credibilidad y responsabilidad ética antes de su publicación. En educación, la preparación de clases, consignas y materiales presenta la misma estructura: el docente obtiene secuencias y ejercicios en minutos y luego debe corregir errores conceptuales, sesgos y desajustes curriculares para sostener su responsabilidad frente al aula (Felger, 2026). El resultado descrito es redistribución de responsabilidades hacia actividades que exigen juicio humano y rendición de cuentas, no reemplazo de la pericia profesional (Felger, 2026). Por eso la sensación de aceleración convive con jornadas que no se acortan: hay más texto en circulación y más puntos de control por texto.
La evidencia disponible se ordena en tres grupos: ahorro aparente de tiempo, carga psicosocial asociada y demanda de capacidades nuevas. El primer grupo queda representado por la formulación de Lande (2026) en The AI Productivity Paradox: Saving Time Takes Time. El argumento es que profesionales que reconocen utilidad en analizar información, ordenar ideas y redactar borradores postergan el aprendizaje por falta de tiempo, lo que bloquea el ahorro futuro (Lande, 2026). Entre las razones racionales enumera el tiempo de aprendizaje, la necesidad de verificar resultados por inexactitudes posibles, las obligaciones éticas de confidencialidad y competencia profesional, y las dificultades de integración en sistemas de práctica existentes (Lande, 2026). A esas razones suma reacciones emocionales que refuerzan la vacilación: preocupación por la identidad profesional, temor al descrédito y malestar ante la opacidad de los sistemas (Lande, 2026). El paralelo histórico que propone es la resistencia inicial a los procesadores de texto, y la salida que recomienda es experimentación cuidadosa desde usos de bajo riesgo con marcos prácticos de uso responsable (Lande, 2026). La implicancia para oficinas es directa: el costo de entrada no es sólo licencia, sino horas de prueba, error y definición de criterios de aceptación del producto.
El segundo grupo corresponde al tecnoestrés vinculado con la inteligencia artificial generativa en el trabajo de jóvenes profesionales (Högemann et al., 2025). El estudio publicado en Frontiers in Artificial Intelligence examina tecnoestrés vinculado con inteligencia artificial generativa en jóvenes profesionales (Högemann et al., 2025, p. 1); más allá de lo legible en la página disponible, el detalle de muestra queda como [dato a verificar]. La filiación institucional declarada es el Department of Information Management and Business Informatics de la University of Osnabrueck, en Osnabrueck, Alemania, y el Smart Enterprise Engineering del German Research Centre for Artificial Intelligence GmbH (DFKI) (Högemann et al., 2025, p. 1). El examen de Högemann et al. (2025, p. 1) se limita a lo legible en la página disponible. Los hallazgos indican que las dimensiones clásicas siguen vigentes pero se manifiestan de modo distinto por sector y contexto, y que emergen estresores específicos: ambigüedad regulatoria y de cumplimiento, preocupaciones por protección de datos y derechos de autor, dependencia percibida, posible degradación de habilidades, dudas sobre fiabilidad y controlabilidad de los resultados, y desplazamiento hacia más tareas de monitoreo y trabajo conceptual (Högemann et al., 2025, p. 1). En paralelo registran tecno-eustrés por ganancias de eficiencia, oportunidades de aprendizaje y mayor motivación intrínseca (Högemann et al., 2025, p. 1). La coexistencia de ambos polos explica que el personal declare alivio y sobrecarga ante la misma herramienta.
Dentro del mismo grupo, el trabajo recoge una brecha entre expectativa gerencial y experiencia operativa (Högemann et al., 2025, p. 1); sin acceso al instrumento ni a la tabla, las magnitudes quedan como [dato a verificar] y no se usan como prueba. La brecha entre expectativa gerencial y experiencia operativa es relevante porque convierte el supuesto ahorro en intensificación: se produce más material intermedio sin ajuste de plazos, dotación ni criterios de validación. La mención de James Gaskin, profesor de Brigham Young University, como editor del manuscrito, y de Xiaoqing Xu, investigadora de Chang’an University, como revisora, sitúa el circuito de evaluación del hallazgo sin alterar su contenido (Högemann et al., 2025, p. 1).
El tercer grupo reúne la demanda de capacidades nuevas. Felger (2026) subraya alfabetización en inteligencia artificial, pensamiento crítico y competencias éticas para intervenir contenidos generados en contextos profesionales y educativos. Högemann et al. (2025, p. 1) agregan alfabetización en inteligencia artificial, gobernanza organizacional clara y diseño del trabajo con apoyo para mitigar el tecnoestrés negativo y habilitar usos productivos. Wyonch (2026) converge desde Canadá: las tecnologías de propósito general tardan décadas en rendir ganancias medibles a escala de la economía, porque la adopción temprana rinde mejoras modestas mientras las firmas experimentan e invierten en activos complementarios como datos, habilidades y cambios organizacionales. El encadenamiento es consistente: sin esos complementos, el borrador veloz no se vuelve producto entregable.
La proliferación de borradores enlaza con inflación documental y control en el trabajo administrativo. Cuando cae el costo de generar minutas, informes, resúmenes y respuestas tipo, sube el volumen que circula para revisión, firma y archivo. Cada pieza exige atribución, cotejo con fuentes internas, adecuación normativa y registro. El control no es un añadido externo: es la condición para que el documento valga como acto administrativo. Por eso más generación automática puede significar más reuniones de validación, más versiones y más trazabilidad, con planteles estables y sensación de aceleración vacía. La evidencia canadiense ayuda a dimensionar el punto: en lo legible del resumen disponible, Wyonch (2026) describe adopción empresarial despareja con mejoras iniciales modestas; las magnitudes quedan como [dato a verificar]. Que Canadá combine investigación sólida y uso frecuente de herramientas generativas por parte de la población con adopción empresarial despareja y limitada, además de rezago en capacidad de cómputo y comercialización frente a países líderes, muestra que el cuello de botella está en difusión, datos, alfabetización y claridad regulatoria, no en disponibilidad del modelo (Wyonch, 2026).
El informe difundido por Forbes Argentina el 29 de mayo de 2026 aporta el indicio local de que la productividad asistida ya no alcanza como promesa (Argentina, 2026a). Sin atribuirle cifras que el extracto no trae, el punto utilizable es cualitativo: el foco se desplaza de generar más rápido a sostener calidad, verificación y criterio en entornos de oficina. Esa inflexión coincide con lo observado en periodismo y educación por Felger (2026) y con la advertencia de Lande (2026) sobre inversión inicial de tiempo y atención. Para oficinas argentinas durante 2025 y 2026, donde el empleo de modelos generativos convive con restricciones de datos, heterogeneidad de habilidades y gobernanza fragmentaria, el resultado esperable es estancamiento de indicadores corrientes con aumento de horas dedicadas a revisar, corregir y documentar decisiones de aceptación o rechazo del texto sugerido.
Conviene distinguir esta paradoja de tarea del bucle macroeconómico descrito para la misma coyuntura. En lo efectivamente legible de los resúmenes disponibles, Tornoreanu (2026a) plantea que las ganancias de eficiencia por reducción de costos laborales pueden erosionar la demanda que las sostiene; sin informe primario con página y ficha técnica, las magnitudes quedan como [dato a verificar] y no se adoptan aquí. El otro análisis del mismo autor plantea un bucle donde la reducción de planteles deprime ingresos y demanda agregada y presiona a nuevos recortes (Tornoreanu, 2026b); sin informe primario con página y ficha técnica, las magnitudes y el caso nacional quedan como [dato a verificar] y aquí sólo se retiene el mecanismo como hipótesis a contrastar. Esos planteos pertenecen al plano de demanda agregada y distribución (Tornoreanu, 2026b), con magnitudes como [dato a verificar]. En lo legible del resumen disponible, su alcance queda delimitado a lo efectivamente documentado (Tornoreanu, 2026a). Aquí no se discute ese bucle sino su confusión con el rendimiento de oficina: que el producto agregado suba mientras el consumo se resiente no demuestra que cada oficina produzca más por hora validada[22].
La consecuencia metodológica es que la velocidad de generación no constituye la métrica pertinente. La variable es el costo total de supervisión por unidad de producto validado: horas de aprendizaje de la herramienta, verificación de exactitud, corrección estilística y sustantiva, control de confidencialidad y derechos, adecuación a normas internas y coordinación para firmar el entregable, divididas por piezas aceptadas según criterios explícitos. Si ese cociente baja de modo sostenido, hay ganancia; si permanece estable o sube mientras se generan más borradores, hay inflación documental con control creciente y sin mejora. Esta definición permite ordenar los tres grupos clasificados: el ahorro aparente reduce el numerador de generación pero eleva el de verificación (Lande, 2026; Felger, 2026); el tecnoestrés registra el costo psicosocial de operar bajo monitoreo y ambigüedad normativa (Högemann et al., 2025, p. 1); la demanda de capacidades mide la inversión complementaria sin la cual el cociente no cae (Wyonch, 2026)[23].
La hipótesis general queda así sometida a una prueba precisa. Quedaría refutada en los rubros con uso más intenso si, frente a 2023-2024, las series de 2025-2026 mostraran caída sostenida del costo total de supervisión por pieza validada junto con aumento verificable del producto entregado por hora, con planteles estables o menores y sin transferencia del control a trabajo no registrado[24]. No bastaría la multiplicación de borradores, ni la percepción de rapidez recogida en encuestas de uso, ni el aumento de la inversión en licencias. Tampoco bastaría una caída transitoria durante la curva de aprendizaje inicial. La refutación exige series sectoriales con horas de verificación discriminadas, criterios explícitos de validación y producto comparable antes y después de la incorporación. Mientras esos registros no existan, la paradoja eficiencia-verificación ofrece la explicación más sobria del cuadro observado: tiempo liberado en el teclado y reabsorbido en la revisión.

Conclusión: qué muestra la IA y qué no resuelve

La cadena que recorre el trabajo articula cuatro niveles sin confundirlos. La tipología de los empleos sin sentido aporta el registro del malestar y una clasificación de tareas de acompañamiento, custodia, reparación y registro cuya finalidad resulta opaca para quien las ejecuta. El concepto de trabajo abstracto ofrece el criterio objetivo que esa descripción no contiene: sólo el trabajo privado validado en el intercambio constituye valor, mientras el tiempo pagado que no obtiene esa validación puede persistir por inercia organizativa. La evidencia argentina de 2025-2026 muestra una incorporación parcial y estratificada de modelos generativos en dependencias administrativas, con uso personal extendido y aplicación laboral acotada, sin reducción general de planteles atribuible a la herramienta (Infobae, 2026a). La paradoja eficiencia-verificación describe el mecanismo que une esos niveles: la aceleración de borradores desplaza horas desde la elaboración hacia la revisión, de modo que el producto validado por hora no aumenta aunque la generación parezca más veloz (Felger, 2026).

Ese cuadro se sostiene en registros heterogéneos que corresponde precisar. La ubicación en el último lugar entre 28 países evaluados, difundida el 19 de septiembre de 2026, proviene de un ranking elaborado por un banco de los Estados Unidos y reproducido por prensa generalista (Infobae, 2026a)[25]. El dato indica posición relativa y no mide horas de uso, tareas afectadas ni producto, por lo que no permite inferir sustitución ni complementariedad. Como término de comparación, en lo legible del resumen disponible Wyonch (2026) describe para Canadá adopción despareja con poco cambio declarado en el empleo; las magnitudes y barreras quedan como [dato a verificar]. En el plano microsocial, el estudio sobre periodismo y educación encuentra una tensión compartida entre ahorro en tareas rutinarias y mayor exigencia de verificación y juicio crítico (Felger, 2026); el detalle muestral queda como [dato a verificar]. La convergencia de estos materiales no prueba una ley general, pero delimita el fenómeno observado en oficinas argentinas: planteles estables, elaboración asistida y control ampliado.

Los límites de las fuentes obligan a restringir el alcance de la conclusión. Las notas periodísticas registran anuncios, rankings y casos sin series de horas discriminadas por tarea ni criterios explícitos de validación del producto, de modo que no distinguen entre borrador generado y pieza aceptada. La medición de productividad en servicios presenta una dificultad adicional, porque el producto carece de unidad física estable y la calidad depende de pertinencia, corrección normativa y adecuación contextual. El antecedente disponible para la industria manufacturera argentina en la década de 2010 plantea estancamiento con deterioro de la productividad laboral (Bernat, 2026); el detalle de brechas y fuentes queda como [dato a verificar] y no es trasladable sin mediaciones a tareas administrativas. Ese resultado corresponde a manufacturas y no es trasladable sin mediaciones a tareas administrativas (Bernat, 2026)[26]. De Marco (2026a) sólo se tuvo a mano el extracto inicial reproducido en el dossier, y la lectura aquí se limita a ese fragmento. Donde el dossier no ofrece series de horas de supervisión ni producto comparable, el texto reduce la afirmación a lo documentado.

La hipótesis admite refutación empírica por sector y período a partir de los criterios fijados en la primera sección. El planteo de cuatro enfoques sobre digitalización y robotización, sustitución, pragmatismo tecnológico, integración y heteromatización, desarrollado en el trabajo titulado El debate sobre la digitalización y la robotización del trabajo (humano) del futuro: automatización de sustitución, pragmatismo tecnológico, automatización de integración y heteromatización, con manuscrito ingresado el 20 de octubre de 2020 y dictaminado el 1 de diciembre de 2020, permite distinguir entre reemplazo de puestos, reorganización de tareas y visibilización de trabajo humano oculto (Sánchez, 2021, p. 2). Si la hipótesis es correcta, en las ramas administrativas con uso más intensivo durante 2025-2026 no se verificará un incremento sostenido del producto entregado por hora junto con una caída del costo total de supervisión por pieza validada. La refutación futura exige, por sector —prensa, educación, administración pública y servicios empresariales— y por período comparable —2027-2028 frente a 2023-2024—, series con horas de elaboración y de verificación discriminadas, criterios explícitos de aceptación y producto homogéneo antes y después de la incorporación. No bastan el aumento de borradores, la percepción de rapidez ni la inversión en licencias. Tampoco basta una mejora transitoria seguida de reversión. La historia de las tecnologías de propósito general, que suelen tardar décadas en producir ganancias medibles a nivel agregado mientras las firmas experimentan con datos, capacidades y cambios organizativos, aconseja ventanas de observación prolongadas y no lecturas de un trimestre (Wyonch, 2026).

Esa exigencia deja abierta una vía alternativa que el trabajo no descarta: que la ausencia de mejora medida responda a rezago, a mala medición en servicios o a falta de activos complementarios como alfabetización, datos curados y gobernanza, tal como sugiere el análisis titulado From Hype to Output: How AI Investment Translates to Real Productivity Gains (Wyonch, 2026). La verificación de esa alternativa requiere los mismos registros que la refutación principal, no su postulación general. Del mismo modo, el estudio titulado The Efficiency–Verification Paradox of Generative AI Use: Exploring the Tension Between Productivity and Accuracy, publicado en Journalism and Media, sostiene que la herramienta no reemplaza necesariamente el saber profesional sino que redistribuye responsabilidades hacia actividades que exigen juicio humano y rendición de cuentas (Felger, 2026). Ese material se ordena en tres rubros, ahorro aparente, tecnoestrés y demanda de capacidades nuevas, y sólo el primero admite lectura productivista inmediata; los otros dos encarecen la validación (Felger, 2026; Högemann et al., 2025, p. 1; Wyonch, 2026)[27].

Si la automatización de oficinas no libera tiempo mientras el trabajo abstracto continúa operando como principio de integración social, la consecuencia teórica no es la inminencia del tiempo disponible sino la reproducción del tedio bajo forma simulada. La multiplicación de textos, informes y piezas formales mantiene ocupada la jornada sin ampliar la masa de valor validado, y la supervisión opera como prueba permanente de esa ocupación. Frente a la expectativa de emancipación por vía técnica, el cuadro argentino de 2025-2026 muestra estabilización de planteles, intensificación del control y estancamiento del producto validado por hora en los ámbitos relevados. El alcance queda así restringido: oficinas argentinas, período 2025-2026, con fuentes periodísticas para posición relativa, literatura manufacturera para contexto de estancamiento y estudios sectoriales extranjeros para el mecanismo. Dentro de esos límites, la herramienta exhibe lo que ya ocupaba la jornada sin resolver su fundamento social.

Notas

[1] La referencia corresponde a la edición en español citada (Marco, 2026a), de la que aquí sólo se usa el fragmento inicial disponible.

[2] De Marco (2026a) sólo se usa el fragmento inicial disponible, sin convertirlo en antecedente de automatización.

[3] La distinción entre enfoques de sustitución, pragmatismo tecnológico, integración y heteromatización (Sánchez, 2021) se usa aquí sólo para fijar que sustitución no es el único resultado posible.

[4] La discrepancia entre 333 páginas de la edición de Nueva York reseñada por Gómez (s/f, p. 1) y 432 páginas atribuidas a la edición española (Wikipedia, 2026g) corresponde a ediciones distintas y a maquetaciones diferentes, no a una ampliación del contenido.

[5] La referencia a Gauthier (2025) se utiliza aquí sólo como constancia de un intento de formalización en Theory and Society, sin atribuirle resultados que el extracto disponible no contiene.

[6] La entrada de Gallouj (2023) se cita por sus datos editoriales completos porque el extracto accesible sólo incluye la cabecera y la remisión al ensayo de 2013 en Strike! Magazine, Issue 3.

[7] La referencia completa del artículo de Sanjuan es la de Azafea. Revista de Filosofía 25, 2023, pp. 117-138, con DOI 10.14201/azafea202325117138 y ORCID del autor (Sanjuan, 2023, p. 1).

[8] La entrada sobre la forma de valor recoge la crítica de oscurantismo atribuida a comentaristas y la respuesta mediante reformulaciones en lenguaje más claro, incluida la defensa analítica mencionada (Wikipedia, 2026b).

[9] El artículo de Holloway cita como sede la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con correo de contacto de la revista y acceso abierto en redalyc (Holloway, 2008, p. 1).

[10] La formulación de dominación abstracta se toma de la sistematización reciente que la opone a la abolición simple del trabajo y que discute a los autores poscapitalistas citados (Ayala-Colqui, 2026).

[11] La distinción entre agentes capitalistas y mercantiles simples en un mismo mercado, con competencia y persistencia, provee el modelo para esa acotación por segmentos (Jaramillo, 2016, p. 2).

[12] La comparación entre salarios medios y producto por hora en el G7 entre 1990 y 2020 proviene de la entrada citada, que destaca los casos de Italia y Japón por el crecimiento casi nulo del salario medio en 30 años (Wikipedia, 2026d).

[13] El volumen sobre productividad y estancamiento en México aporta el marco de estancamiento prolongado sin derrame inmediato (Laos, 2022).

[14] La reseña sobre cambio técnico aporta que la sustitución del trabajo directo no implica derrame necesario hacia salarios (Herrero, 1987).

[15] Las tres notas periodísticas citadas se consideran sólo como registro fechado de diagnósticos en disputa, no como prueba de productividad: 20 de abril de 2026, 11 de mayo de 2026 y 23 de septiembre de 2026 (Jacobin, 2026; Economist, 2026; AFR, 2026).

[16] Los cuatro registros remiten a una misma medición de origen bancario citada por la prensa entre el 19 y el 21 de septiembre de 2026 (Infobae, 2026a; Ambito, 2026; Nicolás, 2026a; AR, 2026). Se los trata como una sola observación con cuatro coberturas porque el material no incluye el informe primario ni su ficha técnica.

[17] La nota de Cenital del 7 de septiembre de 2026 aporta el título La inteligencia artificial en el entramado productivo argentino (Cenital, 2026). Sin acceso al cuerpo completo, no se reconstruyen montos ni anuncios de infraestructura; el contraste entre expectativa y uso bajo se formula sólo como marco discursivo.

[18] Las cifras tecnológicas de marzo y abril de 2026 pertenecen a escalas distintas: 45.000 bajas globales a inicios de 2026 (TradingView, 2026) y proyección de 90.000 para el año (Cronista, 2026), frente a la amenaza sobre oficinas del 12 de marzo de 2026 (Infobae, 2026c). Ninguna corresponde a un censo argentino de reemplazos.

[19] La nota del 25 de agosto de 2026 sobre agentes en Argentina enuncia un efecto potenciador sin serie de producto por hora (Infobae, 2026b). Se la emplea como evidencia de dirección técnica, no de salto de rendimiento, porque el material no provee mediciones controladas.

[20] La p. 1 del artículo de marzo de 2025 define la automatización de selección, asignación y evaluación (López, 2025, p. 1) y la p. 3 circunscribe los problemas de supervisión y vigilancia mediante IA (López, 2025, p. 3). La revista Laborem, Número 31, pp. 211-226, fija el encuadre jurídico-laboral usado aquí.

[21] El cierre industrial de 28 empresas por día del 30 de noviembre de 2025 (PAÍS, 2025) y el uso personal de 6 de cada 10 personas del 10 de diciembre de 2025 (Infobae, 2025) delimitan lo que esta sección no afirma: ni causalidad tecnológica de la retracción manufacturera ni equivalencia entre contacto individual y transformación organizativa.

[22] La distinción entre niveles evita atribuir a cada redacción lo que ocurre en la demanda agregada; en lo efectivamente legible del resumen disponible, Tornoreanu (2026a) plantea ese segundo plano macroeconómico sin que este trabajo adopte modelos ni cifras, que quedan como [dato a verificar].

[23] El cociente propuesto exige definir pieza validada por tipo de oficina, por ejemplo nota publicada con firma, legajo cerrado o informe aprobado, y no borrador generado (Felger, 2026; Wyonch, 2026).

[24] La ventana de comparación es 2025-2026 frente a 2023-2024 según la conjetura general; en lo legible de los resúmenes disponibles, Wyonch (2026) y Tornoreanu (2026a) describen adopción despareja por sector, por lo que el umbral de uso intenso debe fijarse por sector y no por promedio nacional, con magnitudes como [dato a verificar].

[25] La fecha corresponde a la reproducción periodística del ranking y no a la publicación del informe original del banco estadounidense, cuyo documento completo no integra el dossier (Infobae, 2026a).

[26] La Encuesta Nacional de Dinámica de Empleo e Innovación releva firmas manufactureras y permite análisis intrasectorial, pero no registra tiempos de elaboración y verificación en tareas administrativas ni criterios de aceptación de piezas, por lo que su uso aquí es contextual (Bernat, 2026, p. 223).

[27] La muestra croata es reducida y de carácter exploratorio, por lo que su función es ilustrar el mecanismo de redistribución hacia la verificación y no estimar magnitudes para la Argentina (Felger, 2026).

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Cover image: Twin Office Buildings, London, Ontario (21215815804), Ken Lund from Reno, Nevada, USA, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons.

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