En la noche, durante mi espacio de lectura, reflexionada en algo que muchas veces he conversado con mi hermano. Él es un joven con una gran pasión por aprender, disfruta absorber conocimiento, sin duda, es una cualidad admirable. Sin embargo, siempre le digo que tenga cuidado de no cometer los mismos errores que yo cometí.
Cuando estaba en mis 20 aprendí muchas cosas, leí cerca de 200 libros y comencé una carrera universitaria con motización. Fue una etapa increíble, pero con el tiempo llegué a una conclusión clara:
el conocimiento sin propósito no tiene sentido.
Siempre he creído que con la mente humana no se debe jugar. Hay que ser muy cuidadosos con lo que aprendemos, porque ese aprendizaje debería estar alineado con un propósito. Leer renueva la mente, especialmente cuando el contenido transmite esperanza. Pero hoy, gran parte de lo que entra por nuestros ojos está contaminado por lo negativo, noticias que resaltan la calamidad, contenidos que generan incertidumbre y temor. Todo eso termina reflejándose en las personas, en especial en quienes luchan con la ansiedad.
Siempre recomiendo la lectura. Soy un fiel lector de libros de aprendizaje tecnico en software y autoayuda. Sin embargo, mientras leía un libro de Ryan Holiday, tuve una impresión extraña: he aprendido más de lo que realmente he hecho. Y ahí surge el problema.
Muchos de estos libros son hipnotizantes. No porque sean malos, de hecho los recomiendo ; sino porque generan la sensación de que estamos avanzando, de que estamos creciendo, cuando en realidad no estamos ejecutando nada. Si las acciones no se materializan, nada tiene sentido. Si tu vida no refleja cambios reales, si ese libro no te lleva a convertirte en una mejor versión de ti mismo/a, entonces estás fracasando en la lectura.
Todos sabemos que la perseverancia y la motivación son importantes, pero las personas al parecer necesita aprenderlo a través de un libro o escucharlo de otros. El problema es que nos sumergimos tanto en este tipo de contenido que olvidamos actuar. Caemos en la fantasía de creer que avanzamos solo por consumir información. Hace 20 años había motivadores que hoy son gurús, y aun así siguen apareciendo nuevos personajes, cada vez con técnicas más sofisticadas y supuestas fórmulas para cambiar la vida. No digo que sea malo consumir este tipo de literatura; lo preocupante es entrar en un ciclo infinito de aprendizaje sin ejecución, sin romper la barrera que realmente nos haga sentir que estamos triunfando.
He leído cerca de 400 libros. Antes terminaba uno o dos al mes, como una especie de superación personal constante como una meta de fin de mes. Hoy veo que muchas personas están cayendo en esa tendencia, cada fin de año publican cuántos libros leyeron, hacen listas y es un orgullo del cual presumir. Y no puedo evitar preguntarme: si alguien lee 24 libros al año, ¿en qué momento aplica lo que aprende? Al año siguiente lee otros 24, y así sucesivamente. No hay tiempo real para ejecutar, para probar, para equivocarse y mejorar.
Nada de esto tiene sentido si no eres efectivo. Leer uno o dos libros y aplicarlos a cabalidad puede transformar tu vida. Con menos inversión y más ejecución, se logra mucho más que con cientos de páginas sin acción. Lo que para mi eran mas de 12 o 24 libros al año, se convirtio desde hace 3 años en solo cuatro o cinco libros, y dos normalmente son tecnicos, pero el aprendizaje ahora perdura y se ha convertido en tecnicas que realmente puedo aplicar a mi vida.
Top comments (0)