Muchas veces hablamos de UX como si todo fuera botones, colores y menús.
Pero hoy, revisando Qavlixa, me interesó otro tipo de experiencia:
encontrar información operativa.
La plataforma explica con bastante detalle su arquitectura, pero como usuario también quiero resolver preguntas simples.
¿Cuánto cuesta?
¿Qué cambia según mi ubicación?
¿Qué productos puedo usar?
En la documentación encontré una lógica maker-taker para tarifas y un enfoque basado en jurisdicción para disponibilidad.
Eso me parece técnicamente coherente.
El reto de UX es otro:
convertir reglas complejas en respuestas fáciles de encontrar.
Una buena documentación puede tener cientos de páginas.
Una buena experiencia debería permitir que una pregunta sencilla se resuelva en segundos.
Mi regla después de esta revisión es bastante simple:
La complejidad puede vivir detrás del producto.
La respuesta para el usuario no debería sentirse igual de compleja.
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