Publicado originalmente en Justicia Liberal.
Despedir al burócrata no crea empleo: la meritocracia exige menos Estado
En su reciente intervención, el presidente Javier Milei afirmó que cada funcionario público que abandona la administración debe considerarse un nuevo puesto de trabajo para la economía. La frase, que circuló en los medios como titular de MinutoUno, resume una visión simplista que confunde la eliminación de un puesto estatal con la generación automática de empleo privado.
El discurso de Milei y la falacia del empleo automático
Según la cobertura de MinutoUno, la propuesta se presenta como una solución directa al desempleo crónico que azota al país. Sin embargo, la evidencia empírica muestra que la simple reducción de la plantilla estatal no se traduce automáticamente en puestos privados. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reporta que, durante los últimos diez años, la variación del empleo privado ha sido mayormente independiente del tamaño del empleo público, respondiendo más a la confianza del mercado, la inversión y la estabilidad macroeconómica.
Meritocracia como motor cultural
Lo que sí genera empleo sostenible es una cultura que premie la iniciativa individual, la capacitación continua y la responsabilidad personal. Friedrich Hayek ya advertía que la libertad económica solo florece cuando los individuos pueden decidir sobre su propio trabajo y asumir los riesgos de sus decisiones. En Argentina, la falta de un sistema educativo que fomente la excelencia y la competencia ha creado una generación que espera la seguridad del Estado en lugar de buscar oportunidades en el mercado.
El filósofo argentino Juan B. Alberdi sostenía que la prosperidad depende del “espíritu de trabajo y de la disciplina”. Ese mismo espíritu se refleja en los países con mayores índices de movilidad social: Alemania, Canadá y Chile, donde la meritocracia no es un slogan, sino una regla implícita en la contratación, la promoción y la creación de empresas.
El coste oculto de la burocracia
Más allá del número de empleados, la burocracia genera costos de oportunidad. Cada hora dedicada a rellenar formularios, a tramitar permisos o a atender demandas de un Estado inflado es una hora que no se invierte en producir bienes o servicios. Un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestra que, en 2025, el sector público consumió el 28 % del PIB, mientras que el sector privado, que es el verdadero generador de riqueza, apenas alcanzó el 55 %. La diferencia no solo es fiscal, sino también cultural: la mentalidad de dependencia se perpetúa cuando el Estado se convierte en el principal empleador.
Lecciones de la historia liberal argentina
Los años 90, bajo el gobierno de Carlos Saúl Menem, vivieron una profunda reforma estructural: privatizaciones, desregulación y apertura de mercados. Si bien el proceso fue polémico, la reducción del aparato estatal abrió espacio para que empresarios y profesionales pudieran crear valor. Como señala el economista José Luis Espert, “la verdadera creación de empleo ocurre cuando el Estado se vuelve un facilitador, no un competidor”.
Hoy, la propuesta de Milei de contar cada despido como un empleo nuevo parece más un truco retórico que una política de fondo. La meritocracia exige que, al reducir la carga impositiva y la burocracia, se libere capital y talento para que el sector privado pueda absorber a los trabajadores desplazados, pero solo si éstos poseen habilidades demandadas por el mercado.
Camino hacia una verdadera creación de empleo
- Reforma educativa: incorporar metodologías basadas en la solución de problemas, la lógica y la iniciativa emprendedora desde la escuela primaria.
- Desregulación inteligente: eliminar barreras excesivas para la apertura de nuevas empresas y simplificar los trámites de registro.
- Incentivos al mérito: establecer sistemas de bonificación y reconocimiento para los trabajadores que demuestren productividad y creatividad.
- Reducción del gasto improductivo: recortar programas que no generan retorno económico y destinar esos recursos a subsidios temporales de capacitación.
Solo con esas medidas, acompañadas de una narrativa que valore el esfuerzo individual sobre la dependencia del Estado, se podrá transformar la eliminación de puestos públicos en oportunidades reales para quienes están dispuestos a trabajar y a innovar.
En conclusión, la frase de Milei es atractiva, pero vacía si no se acompaña de una transformación cultural que premie el mérito. Reducir el Estado es necesario, pero no suficiente; la verdadera creación de empleo depende de la capacidad de la sociedad para reconocer y recompensar el esfuerzo individual.
FAQ
¿Despedir a un funcionario realmente crea un empleo privado?
No automáticamente. La creación de empleo depende de la demanda del sector privado, la disponibilidad de capital y la capacitación de los trabajadores.¿Cómo puede la meritocracia reducir el desempleo?
Al premiar la iniciativa y la capacitación, se genera una fuerza laboral más productiva, lo que atrae inversión y fomenta la creación de nuevas empresas.¿Qué papel juega la reducción del gasto público en la generación de empleo?
Reduce la carga impositiva y libera recursos que pueden ser invertidos en el sector productivo, pero sin reformas estructurales el efecto es limitado.¿Existen ejemplos exitosos de países que hayan reducido la burocracia y aumentado el empleo?
Sí, países como Chile y Estonia mostraron que la simplificación administrativa y la apertura de mercados favorecen la movilidad laboral y el crecimiento del empleo.¿Qué medidas concretas propone el editorial para fomentar el mérito?
Reformas educativas, desregulación inteligente, incentivos al desempeño y recorte de gastos improductivos son los pilares propuestos.
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