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Andres R
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La tercera opción que no llega: por qué el populismo sigue devorando la Argentina

Publicado originalmente en República Libre.


La tercera opción que no llega: por qué el populismo sigue devorando la Argentina

Los dirigentes de la derecha y del centro‑izquierda intentan, según el reportaje de Perfil Política, armar un frente que se ubique fuera del peronismo K y de La Libertad Avanza. La iniciativa, encabezada por figuras como Pichetto y Sanz, se presenta como una "tercera opción" para el electorado cansado de los extremos.

Sin embargo, el hecho de buscar un nuevo bloque político no puede desligarse del análisis histórico que muestra cómo la insistencia en el gasto público desmesurado, la burocracia y la intervención estatal ha arrastrado a la Argentina a la pérdida de competitividad desde la década de 1930. En este artículo, bajo la óptica de la larga trayectoria del país, se evalúan los límites de esa "tercera vía" y se plantea la única ruta viable: un liberalismo de mercado basado en la propiedad privada y el mérito individual.

El mito de la “tercera vía” en la historia argentina

Desde la crisis del 30, la política argentina ha intentado, con frecuencia, reinventarse mediante fórmulas intermedias que combinan discurso populista con promesas de modernización. El peronismo mismo, fundado en 1945, se presentó como una tercera vía frente al liberalismo clásico y al comunismo, pero rápidamente consolidó un modelo estatista que ha persistido bajo distintas guisas.

Hoy, la propuesta de un bloque que se distancie tanto del kirchnerismo como de la ultraderecha libertaria revive esa tradición de buscar una solución a medias. El riesgo es que, sin una ruptura clara con la lógica del gasto público y la redistribución obligatoria, la "tercera opción" termine reproduciendo los mismos problemas estructurales.

De la década de 1950 a la crisis actual: pérdida de posición global

En los años 50, Argentina se ubicaba entre los diez primeros países del mundo en términos de PIB per cápita, según datos del Banco Mundial. En 1950, el ingreso nacional per cápita era aproximadamente US$ 4.800 (ajustado a precios actuales), posicionándose 5.º a nivel mundial. Hoy, el mismo indicador se sitúa alrededor de US$ 9.800, lo que coloca al país en la 70.º posición, según el INDEC y el FMI.

Esta caída no es fruto de una crisis puntual, sino de la acumulación de políticas que expanden el Estado sin generar productividad. Cada década de alta inflación, controles de precios y subsidios ha erosionado la confianza de los inversores y la capacidad de la economía para generar valor.

Por qué el gasto público y la burocracia son el obstáculo

El gasto público como proporción del PIB ha permanecido por encima del 40 % desde la década de 1990, mientras que la carga tributaria efectiva supera el 30 % del ingreso familiar. Según el BCRA, la deuda pública supera el 100 % del PIB, lo que implica que una parte sustancial del ingreso nacional se destina al servicio de la deuda y no a la inversión productiva.

Hay que reconocer que el gasto público tiene un rol legítimo: garantizar la seguridad, la justicia y la infraestructura básica. Pero el exceso de burocracia, la falta de criterios de mérito en la contratación pública y la política distributiva que premia la demanda de subsidios sobre la oferta de bienes y servicios generan ineficiencias que encarecen los impuestos y ahogan la iniciativa privada.

La única salida: liberalismo de mercado y mérito individual

Los principios de Friedrich Hayek y Milton Friedman siguen vigentes: la libertad económica es condición necesaria para la prosperidad. Reducir la intervención estatal, simplificar el sistema tributario y proteger la propiedad privada crearían un entorno donde el emprendedor pueda competir, innovar y generar empleo.

Argentina necesita un marco institucional predecible, donde los contratos se cumplan y la justicia sea independiente. Sólo así se podrá atraer la inversión extranjera y retener el talento local. El mérito individual, no la distribución forzada, debe ser la base del progreso social.

Lecciones para la construcción de una alternativa real

Si la "tercera opción" quiere ser más que un nombre de campaña, debe incorporar un programa que:

  1. Reduzca el gasto improductivo mediante auditorías de eficiencia y la eliminación de subsidios a sectores que no generan externalidades positivas.
  2. Simplifique la carga tributaria, adoptando un impuesto único de bajo nivel que incentive la formalización.
  3. Fortalezca la propiedad privada, garantizando la seguridad jurídica de los títulos de propiedad y la libre transmisión de activos.
  4. Promueva la meritocría en la función pública, con concursos abiertos y evaluación de desempeño.

Sin estos pilares, cualquier intento de romper con el peronismo K o con la ultraderecha quedará atrapado en la misma espiral de déficit fiscal y estancamiento productivo que ha caracterizado a la Argentina desde la crisis del 30.


En síntesis, la búsqueda de una tercera vía no puede desligarse de la necesidad de un cambio estructural que reduzca el Estado, fomente la competencia y premie el esfuerzo individual. La historia ya mostró que los intentos de paliar la decadencia con medidas populistas solo postergan lo inevitable.


Fuente original: Según Perfil Política

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