Mi rol como programador está cambiando, y no es la programación en sí lo que se está volviendo obsoleto — es dónde pongo la atención. Cada vez paso menos tiempo escribiendo la función y más tiempo decidiendo qué proceso automatizar, con qué objetivo de negocio, y cómo verificar que el resultado sea medible. La programación sigue siendo una habilidad que uso a diario; la responsabilidad se movió hacia diseñar el sistema completo, no solo el código.
No es la primera vez que el terreno se mueve
Empecé programando bit a bit en microcontroladores (Z80, 6800), pasé por C++, Pascal, COBOL, BASIC, distintos IDEs. Cada salto exigió un ajuste mental real, no cosmético. La IA es el ajuste actual, no el primero ni será el último.
El patrón de siempre no cambió, solo se aceleró
El día a día del programador ha sido casi siempre lo mismo: definir una función, identificar el algoritmo, diseñar el formulario de entrada, guardar en el backend, exponer una API. Lo que cambia es el lenguaje — Python, Java, JavaScript, Ruby — y el stack, según rendimiento, soporte o preferencia. Repetimos también patrones estéticos: posición de barras, tema oscuro o claro, pestañas de menú. La IA promete acelerar exactamente eso: procesos repetibles ejecutados en segundos en vez de horas.
Y ahí está el problema real.
La pregunta que casi nadie se hace en voz alta
Si una empresa adopta IA para automatizar, la motivación financiera es obvia: menos personal, más velocidad, menos costo, más margen. Nadie lo discute abiertamente, pero es la razón de fondo casi siempre.
Lo que sí falta discutir es el propósito. En la práctica, la mayoría de las organizaciones usa IA para reproducir exactamente lo mismo que ya hacían — mismas funcionalidades, mismas bases de datos, misma plantilla — solo que más rápido y con mejor apariencia. Eso no es transformación, es aceleración de lo existente. Es útil, pero es una ambición pequeña para una herramienta que permite bastante más.
Mi posición
No creo que "usar IA para hacer lo mismo más rápido" esté mal — es un punto de entrada razonable y de bajo riesgo. El problema es quedarse ahí. La pregunta que vale la pena hacerse antes de automatizar un proceso no es "¿cómo hago esto más rápido con IA?" sino "¿debería seguir existiendo este proceso tal como está?". La primera pregunta optimiza lo viejo. La segunda es la que realmente cambia el rol de quien construye software: de ejecutor de funciones a diseñador de sistemas con criterio sobre qué merece automatizarse y qué merece repensarse desde cero.
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