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Carlos Eduardo Sotelo Pinto
Carlos Eduardo Sotelo Pinto

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Crafting code crafting mead: Un Viaje de Paciencia y Bugs

Soy Python Developer y mi vida profesional ha girado siempre en torno a la ingeniería de datos y el desarrollo de software. Sin embargo, hace cuatro años, mi curiosidad me llevó a un mundo que, a primera vista, parecía opuesto a la lógica binaria: empecé a producir hidromiel. Lo que no sabía entonces es que hacer código y fermentar miel tienen una relación mucho más estrecha de lo que cualquier manual técnico podría explicar.

Mis Inicios: Del "C" Duro a la Reflexión Activa

Recuerdo claramente cuando empecé a programar. Sentía una mezcla de fascinación y frustración. Podía pasar horas frente al ordenador, viendo cómo cada línea generaba un resultado... o un error. Han pasado más de 30 años desde mi primer programa "real": un simulador de carreras de autos en la universidad, escrito en lenguaje C.

Era un código muy ortodoxo, "duro y feo" como dirían muchos ahora, pero era mío. Hacer código en ese entonces no implicaba pruebas de integración ni pipelines de CI/CD; era compilar, rezar, corregir el error y volver a compilar. Cuando finalmente funcionó y pude presentarlo en el curso de computación gráfica, la sensación de logro fue indescriptible.

Con el tiempo, el mercado laboral me dio un golpe de realidad. Yo, que me creía un buen programador en Visual Basic, me topé con "monstruos" del código que me bajaron de mi nube. Aprendí que la vida del desarrollador es un flujo constante de retroalimentación.

Muchos dirán que sentarse a escribir líneas es aburrido, pero para mí, hacer código es un momento de reflexión activa. Es dejar rienda suelta al cerebro para que fluyan las ideas. Si la música es el lenguaje del alma, el código es el lenguaje de la mente capaz de tangibilizar las ideas: si puedes imaginarlo, puedes programarlo.

La Alquimia de la Fermentación: El "Deploy" Orgánico

Cuando empecé a hacer hidromiel, encontré ese mismo "flow". Ver a las levaduras moverse en el mosto era como ver los logs de un servidor en tiempo real. Usé una botella de 20 litros, agua, miel y... sí, levadura de pan (mi versión de "código legacy").

Conecté una manguera a una botella con agua para liberar el CO2 y ahí estaba ese sonido maravilloso: clock... clock... clock. Era el ritmo del proceso, similar al cursor parpadeando esperando tu próximo comando.

Compilando hidromiel

Pero al igual que en el software, tras el "desarrollo" (fermentación), venía la "refactorización" (maduración). Esperar semanas, maduración en frío... y de pronto, ahí estaba: el néctar de los dioses. Probablemente, si hoy probara esa primera tanda, diría "¿qué diablos es esto?" (igual que cuando reviso mi código de hace 5 años), pero en ese momento fue éxtasis puro.

El "Code Review" en la Feria de Hidromieleros

Mi momento de humildad llegó en una feria con otros hidromieleros. Fue como mi primer Code Review serio.
Llevé mi producto sintiéndome orgulloso, pero al probar las creaciones de mis colegas, me di cuenta de que mi "código" necesitaba optimización:

  • Adolfo de Cacique: Me hablaba de su hidromiel con chispas de roble. Yo, amante de las bebidas secas, solo pude pensar: "Wow, estoy en nada". Su nivel de detalle era como usar una librería avanzada que yo desconocía.
  • Augusto de Heimdal: Me mostró innovaciones de menta y café. Mi cerebro explotó. Fue la inspiración para luego intentar mi propia mezcla (un fork de su idea, si se quiere).
  • Skall: Sus sabores sutiles eran como un código limpio (Clean Code), elegante y eficiente, podías beberla una y otra vez.
  • Ancestro: Sus estilos buscando la receta legendaria, compilando las recetas como lo hacian los guerreros vikingos generando codigo legacy.
  • La Vikinga: Su hidromiel de flores de jamaica tenía un perfil semidulce que empapó mis papilas gustativas, una experiencia de usuario (UX) impecable.
  • El Maestro Fernando de Ragnarok: Simplemente, una explosión de sabores que no podía comprender. Era como leer el código fuente de un arquitecto principal y no entender cómo logró tal eficiencia.

la hora del demo en producción

Mi conclusión fue clara: no estaba a la altura de estos maestros. Tocaba volver al IDE (o al fermentador), iterar, probar y errar.

Conclusión: Crafting Code, Crafting Mead

He pasado por muchas dudas existenciales, desde si debería ser Project Manager o seguir como Python Developer, hasta si debería dejar la hidromiel. Pero disfruto demasiado el proceso. Como dijo Adolfo Galindo de Cacique: "No sabes las maravillas que hace el tiempo en la hidromiel".

Es cierto. Al igual que al hacer código, en la hidromiel no hay una regla única. Solo es imaginarlo. Si puedes imaginarlo, puedes fermentarlo. Ambos oficios requieren paciencia, conocimiento y una tolerancia alta al fracaso inicial.

Conclusión: Paciencia y Pasión

Definitivamente, hacer código o hacer hidromiel requieren paciencia y conocimiento. No hay una regla estricta, solo la imaginación y la disciplina para iterar hasta que el resultado sea elegante, limpio y funcional (o delicioso).

Crafting code, crafting mead.


Un dato curioso de mi vida para cerrar:

  • Mi hijo mayor nació el 13 de septiembre, el Día del Programador.
  • Mi hija menor nació el 20 de febrero, aniversario del lanzamiento de Python.
  • Mi marca de hidromiel se llama "Ojo Negro", en honor a mi abuelito con quien me crié.

Parece que el destino ya tenía el código escrito.

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