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Feudos Digitales

Trabajo en tecnología desde que el internet "era todo campo". Vi nacer y transformarse este mundo, pero lo que ha estado ocurriendo en los últimos cinco años me asusta de verdad. El ecosistema ha cambiado de una forma depredadora. Estamos viviendo tiempos realmente extraños, donde la conveniencia se ha convertido en una trampa y nuestra dependencia de las "empresas digitales" ha alcanzado un nivel crítico.

El artículo que leí hoy solo confirmó lo que ya sentía en carne propia: el control se nos está escapando de las manos.

He decidido omitir el nombre del autor en este primer momento para que el enfoque permanezca estrictamente en las ideas. En un mundo polarizado, muchas veces el mensajero precede al mensaje. El objetivo aquí es una reflexión libre de prejuicios, permitiendo que los hechos y los contextos hablen por sí mismos.

La gravedad del escenario

Al repasar los puntos siguientes, haz un ejercicio mental: aplica cada concepto a la realidad de tu país. Piensa en la escala de datos que tu país posee sobre ti: tu historial de salud, geolocalización, conexiones familiares y vida financiera. Ahora imagina todo eso gestionado por dos o tres empresas distintas, bajo el dominio de un gobierno controlador.

El riesgo de ser rehenes digitales

La lectura nos obliga a encarar cuánto hemos transferido de nuestra soberanía personal y nacional a entidades privadas. Aquí presento tres dimensiones de esa dependencia:

La trampa de la conveniencia

No elegimos usar Google, WhatsApp o Amazon solo porque "sean buenos", sino porque se han convertido en la infraestructura básica de la vida social. Hoy, si eliminas tus cuentas en estas plataformas, no pierdes solo un "perfil"; pierdes el acceso a grupos escolares, contactos profesionales, medios de pago e incluso servicios gubernamentales. La conveniencia de ayer se ha convertido en la restricción de hoy.

El poder del "interruptor"

Imagina si, por una decisión política o un desacuerdo comercial, una Big Tech decidiera "apagar" un país. Ya hemos visto esto ocurrir a pequeña escala con bloqueos de servicios. Somos rehenes porque no somos clientes; somos súbditos de feudos digitales. Si el dueño del feudo cambia las reglas o decide que ya no eres bienvenido, tu vida digital (fotos, recuerdos, trabajo) desaparece en un clic, sin derecho a un recurso real de apelación.

La vigilancia como gobernanza

El peligro aumenta cuando el poder estatal (imagina al presidente de cualquier país) se funde con el poder tecnológico. El nivel de datos que estas empresas poseen sobre cada individuo permite una manipulación conductual y una vigilancia con la que ningún dictador del siglo XX jamás soñó. Cuando el algoritmo decide qué es lo que ves, está, en la práctica, decidiendo qué piensas y cómo votas.

Conclusión

La reflexión que queda es esta: la tecnología debería ser una herramienta de liberación, pero se ha convertido en un collar invisible.

En su artículo, Doctorow menciona que sería necesaria una fragmentación del internet, buscando alternativas descentralizadas y locales. Y esto tiene sentido: no podemos ser rehenes de alguien que simplemente puede presionar un botón y "apagarnos".

Él refuerza que, si no hay una lucha por la soberanía digital y leyes de interoperabilidad (que te permitan salir de una red social sin perder tus contactos, por ejemplo), seguiremos siendo meros pasajeros en un barco donde el capitán puede cambiar la ruta, o hundir la nave en cualquier momento, sin consultarnos.

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