Marcelo Alberto Futerman explica cómo aprovechar un asistente de inteligencia artificial para armar plantillas de textos que se repiten, de modo que el trabajo hecho una vez sirva muchas veces.
Muchas tareas de escritura se parecen entre sí: avisos internos, respuestas a consultas frecuentes, pedidos de presupuesto, recordatorios. Escribir cada uno desde cero lleva tiempo. Una plantilla bien armada resuelve la parte que se repite y deja lugar para lo que cambia.
Elegir un texto que se repite
El punto de partida es identificar un mensaje que se escribe seguido. Conviene juntar dos o tres ejemplos reales, sin datos personales, para mostrarle a la herramienta qué tienen en común.
Pedir la estructura, no el contenido
El pedido apunta a la forma: qué partes tiene el mensaje, en qué orden van y qué se completa cada vez. Se le puede pedir a la herramienta que marque entre corchetes los lugares variables, como [nombre], [fecha] o [motivo].
Ajustar el tono una sola vez
Como la plantilla se va a usar muchas veces, vale la pena dedicarle tiempo al tono. Una vez que suena bien, ese trabajo queda hecho para todas las veces siguientes.
Probar con un caso real
Antes de darla por terminada, se completa la plantilla con un caso concreto y se lee como si fuera a enviarse. Si algo queda forzado, se corrige en la plantilla y no solo en ese mensaje.
Guardarla donde se usa
La plantilla sirve si está a mano: en un documento compartido, en las respuestas guardadas del correo o en una nota fija. Tenerla solo en el historial del chat no alcanza.
Revisar cada envío
Una plantilla ahorra tiempo, pero cada mensaje igual se relee antes de enviarlo. Un corchete sin completar o un dato del caso anterior es un error fácil de cometer.
En pocas palabras
La IA ayuda a convertir lo repetitivo en algo ordenado y reutilizable. La revisión de cada mensaje sigue siendo parte del trabajo.
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