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Maximiliano Burgos
Maximiliano Burgos

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La constancia es lo único que importó siempre

Hace un tiempo tuve que enfrentarme a la idea de que lo único que importaba era ser constante. Y punto. Los conocimientos se adquieren, pero la constancia es invaluable. Y difícil de conseguir a la primera.

Vengo de construir una hamaca de descanso que compré hoy. Literalmente, eso hice:

Hamaca

Me tomó exactamente 4 horas. Desde que arranqué no paré. Y me equivoqué mil veces. Especialmente porque el manual de instrucciones tenía la misma calidad que la documentación de las APIs de Facebook.

A las tres horas lo había terminado, pero me quedó una parte mal. El soporte de detrás, ese palo que cruza entre los laterales, me había quedado adelante. Y eso era un desastre porque te balanceabas mientras te golpeabas los pies.

Para mi armar algo y que quede mal es inaceptable, sea en código o en la vida real. Encima ese error me justificó cambiar los laterales, porque estaban invertidos.

Mi punto es que la constancia es realmente todo lo que importa, como lo dice el título. No me senté a llorar ni abandoné. No lo pensé, empecé a reconstruir. Me llevó una hora más. Pero el resultado me dejó contento y realizado.

Ser constante en sistemas te puede llevar muy lejos. No estaría programando Android si no hubiese tenido la paciencia de buscar mi lugar en la industria.

Y persistir es terriblemente difícil. Porque a veces implica obligarte a hacer algo que quizá no querés. Netflix acaba de sacar una nueva temporada de tu serie favorita, ¿por qué debería pelearme tres horas más intentando que PyFace (librería de reconocimiento facial de Python) logre reconocer mi cara?

Además, todo lo que no sea diversión y estás obligado a hacer, se vuelve un trabajo. Y eso te lleva a aburrirte y abandonar rápidamente. Porque si no es de vida o muerte, lo vas a terminar dejando para algún momento.

Y ahí es donde falla casi todo el mundo. La gran diferencia entre el que tiene éxito y el que no, radica en cuánto podes mantener la constancia activa.

Pero no sirve quedarte programando mil horas hasta que te salga. La cabeza se cansa. Podes estar motivado y hacerlo, lo cual está perfecto, pero tarde o temprano te termina agotando. La constancia que te propongo tiene que ver con un balance estratégico.

No programes sin parar dos días seguidos. Trabaja en tu proyecto un par de horas, todos los días. Y ahí radica la clave: convertirlo en un hábito. Armá un plan de horas. Dedicá X cantidad de horas todos los días. No te quedes corto ni te pases de ese número.

Al principio es difícil porque implica ser altamente metódico. Pero te va a generar una disciplina que incluso te puede servir para otros tópicos de tu vida.

Lo interesante de esta práctica es que quizá no veas un avance tan fuerte como el que hacías con 10 horas por día, pero a largo plazo vas a terminar logrando mucho más.

Porque rendir por muchas horas te desgasta, y quizá luego de unos días abandones. Y quizá retomes al mes siguiente, perdiendo un montón de posible productividad.

De hecho tengo un amigo que le pasa eso constantemente. Él programa como un desquiciado durante un mes o dos. Y luego se aburre o se cansa y abandona a la mitad o casi terminando.

La razón es muy simple: hay que calmarse. Tirar código es mucho más que medirte con quién programa más rápido. Ni siquiera es eso de hecho. Este oficio requiere análisis y detenerse sobre cada punto de importancia en nuestro proyecto.

Tienen que pensar en los proyectos como si fuera un hijo. No porque lo críes más rápido, va a crecer con más velocidad. No cambia nada que lo lleves a la mejor escuela privada del mundo, no va a entrar a la facultad a los cinco años.

Y me vas a decir que estoy siendo obvio. Miralo desde el punto de vista de tu proyecto. ¿Lo notás? Estas acelerando las cosas y eso te permite cometer más errores e incluso rehacer código.

La constancia es como un ejercicio, como correr por ejemplo. Si corres más rápido, implica que necesitas esforzarte más. Y quizá la meta sean 300 kilómetros. Hoy no vas a llegar, tampoco mañana. Pero si corres a un ritmo normal y manteniéndolo todo el tiempo, vas a llegar cuando menos te lo esperes.

Disfruta del camino y no te ofusques. Y no te olvides mantener la motivación en el trayecto 🙂

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