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Norberto Krucheski
Norberto Krucheski

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Empecé a programar a las 9 de la noche. Eran las 4 de la mañana y no quería parar.

Son las 11 de la noche. Abrí el editor con la idea de resolver una cosa puntual, una sola. Dos horas después sigo acá, el proyecto avanzó más que en toda la semana anterior, y lo último que quiero hacer es cerrar la computadora.

No es que no tenga sueño. Es que parar se siente mal.


No es tirar prompts al azar

Quiero aclarar algo antes de seguir, porque si no, esto puede sonar a la historia de cualquiera que descubrió ChatGPT y se emocionó.

Trabajo en la industria hace más de 15 años. Cuando arranco un proyecto, no abro el chat y empiezo a pedir código. Primero pienso el producto. Armo un PRD con el detalle necesario: qué problema resuelve, quién lo usa, qué no entra en scope. Después pienso la arquitectura. Qué stack, por qué, cómo se comunican las partes. Si hay una API involucrada, escribo la documentación técnica antes de tocar una sola línea.

Recién ahí, con todo eso claro, empiezo a iterar con la IA.

Y esa diferencia lo cambia todo. Cuando sabés exactamente lo que querés, cuando el contexto está bien armado y el prompt refleja eso, la IA no alucina. No te devuelve algo genérico que tenés que reescribir. Te devuelve exactamente lo que necesitás, en el stack que elegiste, con la arquitectura que definiste.

Eso es lo que no se dice mucho: la IA no reemplaza el pensamiento. Lo amplifica. Si llegás con las ideas claras, el resultado es bueno. Si llegás sin saber qué querés, el resultado es ruido.


El loop que no ves venir

El problema no es que la IA funcione mal. El problema es que funciona muy bien.

Un proyecto que antes me llevaba una semana, hoy lo resuelvo en un día. Funcional, escalable, con el código que yo hubiera escrito si tuviera el tiempo. Eso genera una descarga parecida a la dopamina: cada feature que cierra, cada endpoint que responde, cada componente que aparece en pantalla exactamente como lo imaginaste. El momentum es real y es adictivo.

Y cuando algo tiene tanto momentum, parar se siente como perder.

Empezás a estirar la sesión. "Una cosa más y cierro." Esa cosa lleva a otra. Y esa otra lleva a otra. No porque estés bloqueado, sino porque todo fluye. Es la versión tech del binge — no parás porque el siguiente episodio arranca solo.

Lo que no notás en ese momento es que estás en un estado alterado de productividad. El cerebro en modo flow, alimentado por resultados rápidos y constantes. No es una sensación mala. Es exactamente eso lo que lo hace difícil de cortar.


El momento en que me di cuenta

No fue un momento dramático. No rompí nada, no perdí trabajo.

El patrón era siempre el mismo. Me sentaba a la noche a avanzar un poco. El proyecto estaba en un 70%, ese 70% lo había hecho en un día o dos, y en mi cabeza solo quedaba un 30% — algo que calculaba en una o dos horas. Fácil. Rápido. "Termino esto y me acuesto."

Eran las 9 de la noche. Cuando levanté la vista del monitor eran las 4 de la mañana.

No porque algo hubiera salido mal. Al contrario: todo fluía, cada iteración cerraba bien, y ese 30% que quedaba siempre tenía un poco más para refinar, para mejorar, para dejar bien. El proyecto estaba avanzando perfecto — y eso era exactamente el problema. Cuando las cosas van bien no hay señal de parada. El cerebro no tiene motivo para frenar.

Me di cuenta de que no era cansancio lo que me hacía cerrar la computadora. Era el horario, o que alguien me escribía, o que físicamente ya no podía más. Nunca era una decisión.


Lo que aprendí

La IA no te vuelve adicto porque sea fácil. Te vuelve adicto porque, si sabés usarla, es genuinamente poderosa. Y eso es más peligroso que si fuera una herramienta mediocre.

Lo primero que cambié fue dejar de programar de noche por defecto. No siempre se puede, pero cuando tengo la opción, lo evito. La noche y el momentum son una combinación difícil de cortar.

Y cuando sí me siento a la noche, entro con dos cosas claras: una hora de corte y una meta específica. No "voy a avanzar un poco" — eso no existe. Algo concreto: estas dos features, este módulo, este endpoint. Cuando lo terminé, cierro. Sin negociar.

Parece simple. Y lo es. Pero la diferencia entre "voy a avanzar un poco" y "voy a terminar estas dos cosas y cierro" es la diferencia entre las 11 de la noche y las 4 de la mañana.

El proyecto va a seguir mañana. Siempre sigue.


¿Te pasó algo parecido? Me interesa saber si el patrón es el mismo cuando el contexto y el nivel de experiencia cambian.

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