Cada vez que una nueva ola de automatización llega a este oficio, alguien anuncia que nuestro trabajo desaparece. Y cada vez ocurre lo mismo: el trabajo no desaparece, sube el listón.
Lo he vivido varias veces. Cuando las herramientas empezaron a hacer por nosotros lo que antes hacíamos a mano, lo rutinario se volvió barato y abundante. Pero eso no nos dejó sin nada que hacer; simplemente cambió qué se consideraba valioso. La tarea que cualquiera, o cualquier máquina, podía hacer dejó de distinguirte. Lo que empezó a distinguir fue el criterio: saber qué construir, decidir qué merece la pena, entender cómo encajan las piezas de una organización real.
La IA es la siguiente ola, y espero que se comporte igual. Absorberá buena parte de lo rutinario: el script, el primer borrador de una configuración, la búsqueda inicial de un fallo. Lo que no absorberá es el juicio, ni la responsabilidad de responder cuando algo sale mal. Y aquí está la trampa que mucha gente no ve: cuando la máquina hace lo fácil barato, el listón de lo que se espera de un humano sube, no baja.
Antes bastaba con producir. Ahora que producir es barato, se te pide algo más difícil: decidir bien, verificar lo que la máquina genera, distinguir lo correcto de lo que solo lo parece. Eso es más exigente, no menos.
Por eso no me preocupa que la automatización elimine mi trabajo. Me preocupa quedarme en el nivel que la automatización sí elimina. La forma de sobrevivir a cada ola es la misma: no defender la tarea que la máquina ya hace, sino subir al nivel que todavía no alcanza. El listón sube en cada ola. La única respuesta es subir con él.
– Serguey Shinder
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