La realidad es distinta.
Los sistemas basados en IA evolucionan constantemente. Cambian los datos, se ajustan los modelos, se transforman los entornos operativos y con ello cambian también los riesgos.
Por esta razón, la gobernanza no puede entenderse como un estado alcanzado, sino como una capacidad que debe sostenerse y adaptarse en el tiempo, sin perder coherencia, responsabilidad ni control.
Cuando la gobernanza no evoluciona al mismo ritmo que el sistema, se vuelve irrelevante.
Cuando se diseña para sostenerse en el tiempo, se convierte en un pilar real de confianza, resiliencia y supervisión continua.
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