Escuchar
es más difícil que tocar.
Tocar
es mover los dedos.
Con horas,
casi cualquiera lo consigue.
Escuchar
es otra cosa.
Es oír
que tu tiempo se adelanta.
Que esa nota
no encaja.
Que el silencio
llegó tarde.
Los principiantes
oyen la canción.
Los músicos
se oyen a sí mismos
dentro de ella.
Y ahí está el salto:
puedes tocar algo
que aún suena mal
y no saber por qué.
Las manos aprendieron.
El oído, todavía no.
Por eso el progreso real
no está en los dedos.
Está en el oído
que por fin distingue
lo bueno
de lo casi bueno.
Toca menos.
Escucha más.
Cuando tu oído
va por delante de tus manos,
las manos
lo alcanzan solas.
– Serguey Asael Shinder
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