La IA
escribe el borrador.
Tú pones el criterio.
El borrador es barato.
Llega en segundos,
completo,
seguro de sí mismo.
El criterio no.
El criterio es saber
si el borrador
sirve
o solo lo parece.
La máquina
te da mil palabras
sin esfuerzo.
Elegir cuáles valen
sigue siendo tuyo.
Un borrador
sin criterio
es ruido rápido.
Mucho texto,
poca decisión.
Por eso el borrador
no te ahorra el trabajo.
Te lo mueve.
De escribir
a juzgar.
Y juzgar bien
es más difícil
que escribir mal.
No te enamores
del borrador
solo porque llegó rápido.
La velocidad
no es verdad.
Léelo
como si otro
lo hubiera escrito.
Duda de él.
Córtalo.
Quédate
solo con lo que aguante
tu criterio.
La IA produce.
Tú decides.
El día que dejas
de decidir,
el borrador
te escribe a ti.
– Serguey Asael Shinder
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